Humanidades digitales, dejarlas ser

Digital Humanities: Let them be!

Humanidades digitais, deixe-as ser

  • Juan Manuel Cuartas Restrepo Universidad EAFIT
Publicado
2017-02-20

La reflexión que se lleva a cabo en este artículo busca confrontar la consideración de que “las humanidades están en vilo”, que “penden de un hilo”. Para este efecto se realiza un cotejo con las denominadas “humanidades digitales”, que aluden a: un “campo” no unificado, cuyos modos de relación con la información tecnológica han dado como resultado la cibercultura; las configuraciones multimediales y las herramientas digitales que han desplazado la impresión de documentos y han provocado la diseminación del conocimiento; la redefinición de los periódicos y revistas en formatos digitales, y su asunción como instrumentos transmediales asentados en los sitios web; la experimentación en las distintas disciplinas, incluidas las humanidades, con el servicio de las tecnologías digitales. Las “humanidades digitales” se abordan, por tanto, buscando despejar su modo y su razón de ser, lo que no quiere decir que avancen sin obstáculos hacia una mejor comprensión y expresión de la condición humana.

Palabras clave: humanidades digitales, cibercultura, humanidades en vilo, tecnologías de la información (es)
digital humanities, cyberculture, humanities on the edge, information technologies (en)
humanidades digitais, cibercultura, humanidades em suspense, tecnologias da informação (pt)

APA

Cuartas Restrepo, J. M. (2017). Humanidades digitales, dejarlas ser. Revista Colombiana de Educación, (72), 65.78. https://doi.org/10.17227/01203916.72rce65.78

ACM

[1]
Cuartas Restrepo, J.M. 2017. Humanidades digitales, dejarlas ser. Revista Colombiana de Educación. 72 (feb. 2017), 65.78. DOI:https://doi.org/10.17227/01203916.72rce65.78.

ACS

(1)
Cuartas Restrepo, J. M. Humanidades digitales, dejarlas ser. Rev. Colomb. Educ. 2017, 65.78.

ABNT

CUARTAS RESTREPO, J. M. Humanidades digitales, dejarlas ser. Revista Colombiana de Educación, [S. l.], n. 72, p. 65.78, 2017. DOI: 10.17227/01203916.72rce65.78. Disponível em: https://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/RCE/article/view/4642. Acesso em: 18 oct. 2021.

Chicago

Cuartas Restrepo, Juan Manuel. 2017. «Humanidades digitales, dejarlas ser». Revista Colombiana de Educación, n.º 72 (febrero):65.78. https://doi.org/10.17227/01203916.72rce65.78.

Harvard

Cuartas Restrepo, J. M. (2017) «Humanidades digitales, dejarlas ser», Revista Colombiana de Educación, (72), p. 65.78. doi: 10.17227/01203916.72rce65.78.

IEEE

[1]
J. M. Cuartas Restrepo, «Humanidades digitales, dejarlas ser», Rev. Colomb. Educ., n.º 72, p. 65.78, feb. 2017.

MLA

Cuartas Restrepo, J. M. «Humanidades digitales, dejarlas ser». Revista Colombiana de Educación, n.º 72, febrero de 2017, p. 65.78, doi:10.17227/01203916.72rce65.78.

Turabian

Cuartas Restrepo, Juan Manuel. «Humanidades digitales, dejarlas ser». Revista Colombiana de Educación, no. 72 (febrero 20, 2017): 65.78. Accedido octubre 18, 2021. https://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/RCE/article/view/4642.

Vancouver

1.
Cuartas Restrepo JM. Humanidades digitales, dejarlas ser. Rev. Colomb. Educ. [Internet]. 20 de febrero de 2017 [citado 18 de octubre de 2021];(72):65.78. Disponible en: https://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/RCE/article/view/4642

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Humanidades digitales, dejarlas ser

Digital Humanities: Let them be!

Humanidades digitais, deixe-as ser

Juan Manuel Cuartas-Restrepo*

*Doctor en Filosofía, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Bogotá, Colombia Coordinador académico del Doctorado en Humanidades, Universidad Eafit, Medellín, Colombia Correo electrónico: jcuartar@eafit.edu.co.

Para citar este artículo: Cuartas, J. M. (2017). Humanidades digitales, dejarlas ser. Revista Colombiana de Educación, (72), 65-78.

Fecha de recepción 09/05/2016 Fecha de aceptación: 17/11/2016


Resumen

La reflexión que se lleva a cabo en este artículo busca confrontar la consideración de que "las humanidades están en vilo", que "penden de un hilo" Para este efecto se realiza un cotejo con las denominadas "humanidades digitales", que aluden a: un "campo" no unificado, cuyos modos de relación con la información tecnológica han dado como resultado la cibercultura; las configuraciones multimediales y las herramientas digitales que han desplazado la impresión de documentos y han provocado la diseminación del conocimiento; la redefinición de los periódicos y revistas en formatos digitales, y su asunción como instrumentos transmediales asentados en los sitios web; la experimentación en las distintas disciplinas, incluidas las humanidades, con el servicio de las tecnologías digitales. Las "humanidades digitales" se abordan, por tanto, buscando despejar su modo y su razón de ser, lo que no quiere decir que avancen sin obstáculos hacia una mejor comprensión y expresión de la condición humana.

Palabras Clave: humanidades digitales, cibercultura, humanidades en vilo, tecnologías de la información.


Abstract

This reflection paper aims to confront the consideration that "the humanities are on the edge" and that "they hang from a thread." For this purpose, a comparison is made with the so-called "digital humanities," which refer to the following: a non-unified "field," whose methods of relating to technological information gave way to cyberculture; multimedia configurations and digital tools that have displaced printed documents and have helped to disseminate knowledge; redefinition of newspapers and journals in digita formats, and their acceptance as transmedia tools hosted on websites; experimentation within different disciplines, including humanities, with digital technology services. "Digital humanities" are scrutinized here, seeking to clarify their modus operandi and raison d'être; this does not mean that they move forward without obstacles towards a better understanding and expression of the human condition.

Keywords: Digital humanities, cyberculture, humanities on the edge, information technologies.


Resumo

A reflexão feita neste artigo visa confrontar a consideração de que "as humanidades estão em suspense", que "estão em risco". Para esse propósito, foi realizada uma comparação com as denominadas "humanidades digitais", que aludem a: um "campo" não unificado, cujos modos de relação com a informação tecnológica são a origem da cibercultura; as configurações multimediais e as ferramentas digitais que têm deslocado a impressão de documentos e têm provocado a disseminação do conhecimento; a redefinição dos jornais e revistas em formatos digitais e sua assunção como instrumentos transmediais assentados nos sítios web; a experimentação nas distintas disciplinas, incluindo as humanidades, como serviço das tecnologias digitais. As "humanidades digitais" são abordadas, por tanto, visando pôr ordem em seu modo e sua razão de ser, mas isso não quer dizer que possa avançar sem obstáculos para uma melhor compreensão e expressão da condição humana.

Palavras chave: Humanidades digitais, cibercultura, humanidades em suspense, tecnologias da informação.


"Let it be, there will be an answer, let it be..."
The Beatles, Let it be
Hoy, cuando hablamos de las Humanidades, ya no sabemos de qué estamos hablando. ¿Qué le pertenece ahora a aquella orgullosa y antigua palabra, a aquel arrogante término Littera humanior que encerraba en su seno la concepción del hombre?
George Steiner, Las humanidades

El objeto en cuestión

Centraré la atención en el contraste al que pueda estar dando lugar dirigir la reflexión humanística a la digitalización del conocimiento. Hay humanidades en el tiempo presente en la medida en que puede ser del conocimiento común el valor ineluctable del sentido de la vida y el lenguaje; algo que en otras épocas resultaba irrealizable por el estado de distancia y drástica oposición entre los pueblos y las culturas, entre los hombres y las especies. ¿Qué día es hoy para la historia de la humanidad?, probablemente no el que celebra con euforia la invasión de nuevas tierras, la demolición y sometimiento de otros pueblos, el avasallamiento de otros credos, la extinción de múltiples especies. Pero si el nuevo paradigma de las humanidades es ahora el universo digital, ¿qué debe presuponerse en relación con todo aquello que no represente un conocimiento que favorezca lo humano? Si los declives del humanismo son aún severos y continuos, escandalosos y ruines, puede sostenerse, de un lado, que no han sido suficientes 2500 años de filosofía, y de otro lado, que las humanidades no han alcanzado aún su forma más definida como diálogo y pedagogía. Siendo la tierra el lugar del hombre en el mundo, resulta inconsecuente que por diversas razones se considere extraviado el lugar de las humanidades, de cuya esencia se espera que emane el sentido más pleno de la existencia y de la razón de vivir; en pocas palabras, de la desterritorialización de la violencia. Gianni Vattimo (2009) plantea los problemas de la metafísica y de la violencia como centrales, en la medida en que toda metafísica es reflexión, teoría, idea, método y valor, estados de abstracción de la realidad que no deciden el sentido correcto del conocimiento de las cosas; mientras que la violencia es intervención, interferencia, marca, rompimiento, y cada estado de estos define móviles concretos de la historia, las sociedades y los individuos. Pero ¿acuden las humanidades digitales al rescate de esta situación? Lo que me propongo identificar son los campos de acción en los cuales llevar en ascenso o dar al menos sostenimiento a la máxima utopía de las humanidades, que ni en los propósitos de personalidades como Buda, Jesús o Gandhi ha conseguido el estado de universalidad que necesita.

Antes de indagar lo que significan propiamente las "humanidades digitales" (digital humanities), y de sancionar su relevo de las humanidades, viene bien identificar el campo de estas últimas; brevemente, el proyecto de las humanidades responde a la comprensión y la verdad, a la certeza ética de las acciones, a la valoración justa y el legado correcto de una generación a otra; en fin, entender el mundo, el devenir, las formaciones ambiguas, las relaciones posibles y prósperas entre unos seres y otros, la preservación y la diversidad, la individuación y la diferencia. Sembrando luces a medida que se hace camino, si los pueblos y las culturas se esfuerzan por dignificar y respetar el sentido de la vida, antes que un abismo, distinguen un horizonte, afianzan su autoconocimiento e ingresan en el conocimiento del otro. Sin embargo, pensar y conseguir saber no son la expresión última de las humanidades; ello reclama acciones de concertación y conocimiento mutuo, al igual que distintos modos de penetrar en lo oculto. El lenguaje no juega de manera neutra en estos trances, por ejemplo: es susceptible que alguien argumente que los términos seguirán siendo los mismos, que no hay tal salto de las humanidades a las "humanidades digitales", que se sofistican los métodos de archivo, se introducen nuevos términos, pero no se resuelve la contrariedad de que en el escenario digital actúen igualmente las corrientes antihumanistas. Desde esta perspectiva, el proyecto humanista se representaría igual desde la academia de Platón, el Renacimiento, y la universidad moderna, hasta la enciclopedia virtual universal (siendo cada uno de estos momentos la versión de un sistema magistral del conocimiento); dicho de otra manera, no habría mayor diferencia entre un rollo de papiro, un libro impreso y un documento digital, siempre y cuando cumpla cada uno de ellos el cometido de sembrar claridad -no confusión- sobre el valor de lo humano. ¿Significa esto que no le queda a las humanidades, digitales o no, más que un pequeño margen de análisis e interpretación del bien enfrentado al mal?, ¿o que no se garantiza el mejor conocimiento de lo humano mientras proliferen igualmente en el universo digital expresiones de violencia que ensombrecen el sentir y el sentido de la existencia? Estas preguntas son apenas el comienzo de un replanteamiento de las humanidades que no se propone eludir la discusión sobre las amenazas a las que puede dar lugar un fenómeno de virtualización de grandes proporciones.

La consideración de que "las humanidades están en vilo", que "penden de un hilo", hace un llamado a la evaluación de su inestabilidad, a la identificación de las fuerzas que las empujan. Rotas las ventanas por el huracán, las páginas del libro todo de las humanidades se desgarran y se pierden irremisiblemente una a una. Si esta imagen es suficientemente elocuente, permitirá distinguir tres momentos que es preciso reflexionar:

» El primer momento alude a la preservación de ese libro, o del legado que representa para la humanidad en pleno: la de ayer, la de hoy y la de mañana. Una fuente de buen sentido que recoge las respuestas a serios interrogantes sobre el sabor y el saber de las artes, las letras y las ciencias, las voces y las culturas, los valores y las historias. Rescatando del olvido una de las acepciones de la palabra "mosaico", precisamente la que aludía al oficio de encuadernación caracterizado por la aplicación en la cubierta de un trozo de piel de deslumbrante color dorado que era recomendado en el siglo XVI para los libros consagrados al cultivo de las humanidades, como un "mosaico" entonces, el discurrir que reclaman los asuntos del ser, el hacer y el expresar humano.

» El segundo momento es el ingreso del huracán del sinsentido, que desgarra el legado y pone en vilo la construcción de lo humano. Pero ¿a qué responde esa fuerza que irrumpe escandalosa y amenaza las humanidades arrastrándolas al abismo? Se han escuchado voces que señalan sin escrúpulo la insensatez de las corrientes totalitaristas, cualquiera que sea su forma y su tamaño: dominación y control, poder y represión, antes que comprensión y libertad. Otras voces se escuchan denunciando el régimen de indiferencia del individualismo en el que han desembocado los intereses materiales, la ausencia de sentido de lo común en un planeta-mundo que se degrada cada vez más. A su vez, otras voces incoan un proceso a la desviación del conocimiento hacia la tecnificación de la vida, dejando en la estacada el sentido que debe morar y aspirar a lo humano.

» El tercer momento corresponde a la reconfiguración de la experiencia humana, que se debe afrontar con decisión e inteligencia para superar el huracán y cobrar conocimiento de lo que aún se puede alcanzar; lo que sumado a la vida la instala en una dimen -sión de apertura y discernimiento. Pero ¿de dónde recabar entendimiento sobre lo humano, como no sea concentrando la mirada en aquello que incendia la existencia? Dicho así, las humanidades son algo más que un objeto cifrado; para decir lo menos, son la transformación de la memoria, las ideas y las historias vistas con nuevos ojos.

Lo que estamos llamados a advertir es, por tanto, la ambigüedad del tiempo presente, que no se reduce a unas cuantas situaciones, ni a la reproducción de las retóricas recibidas como herencia, sino que traza desafíos que exigen estar atentos para juzgar e interrogar. A continuación, centraré la reflexión en esa "nueva dimensión" que hoy se nombra como "humanidades digitales"; veamos, para comenzar, la concepción del teórico de la cultura mediática Gary Hall:

Las humanidades digitales pueden ser ampliamente entendidas como abarcando en las humanidades todas aquellas actividades escolares que conciernen a la escritura por medios y tecnología digital, y que involucran procesos de producción, práctica y análisis de medios digitales. Dichas actividades pueden incluir el desarrollo de teorías de nuevos medios, la creación de archivos y literatura electrónica interactiva, la construcción de bases de datos en línea y sitios web colaborativos, la producción de museos y galerías de arte virtuales, o la exploración de diferentes tecnologías de rediseño para la enseñanza y la investigación. (Hall, 2011, p. 1)1.

De una presentación como esta se puede deducir que la mera sofisticación -o "rediseño"- de los procesos de adquisición, almacenamiento, tratamiento y transmisión del conocimiento, muestra abiertamente cómo no existe algo que pueda llamarse "frontera digital", y que todo ello puede considerarse como una "refundación" de las humanidades. Se tiene la convicción de que en poco tiempo el océano de las "humanidades digitales" ha alcanzado mucho más que en los siglos precedentes en cuanto al tratamiento, refinamiento, pedagogía e intermedialidad del conocimiento. Lo que resulta evidente es que, al día de hoy, las opciones que se tienen de renunciar al universo digital, o de retornar a la actitud natural humana, son cada vez más remotas. Esto no quiere decir que las "humanidades digitales" avancen sin obstáculos hacia una mejor comprensión y expresión de la condición humana. En el universo digital se advierte, por el contrario, un gesto ambiguo de despliegue y contención de la intersubjetividad, que no debemos perder de vista, en la medida en que se deciden allí nuevas formas de "contacto" entre los individuos (redes sociales), que pueden entenderse como la "soledad compartida" de millones de individuos. Hasta aquí tenemos, de un lado, que no se trata de renunciar al sentido de la palabra "mundo", en el que quedan aludidos la periferia, el medio y el subfondo de la experiencia humana2; y de otro lado, que hoy se actúa y asimismo se piensa, esencialmente, en términos digitales, lo que significa que el horizonte de representación que la conciencia tiene ante sí no corresponde estrictamente con las cosas del mundo, puesto que lo que llega hoy a la conciencia es, fundamentalmente, la "realidad" digital (con su aleph infinito), que dispone el conocimiento en términos radicalmente diferentes.

Definiciones de las "humanidades digitales"

De lo que se entiende por "humanidades digitales", es apenas justo que realicemos un mínimo sondeo que nos permita identificar lo que entra en relación, las expectativas que despierta y, por supuesto, la correspondencia que guarda con referencia al "mundo" y al sentido de lo humano.

  1. Para Elijah Meeks, las "humanidades digitales" guardan relación con lo que se conoce como "comunidades imaginadas". En virtud de las múltiples aplicaciones de la palabra mapping ("mapeo"), las humanidades tienen la posibilidad de construir (o vislumbrar) nuevos focos de observación de cualquier tipo de asunto, ya sea histórico, científico, político, o cultural. Tómese por ejemplo a Italia; haciendo mapping del arte, la lengua, las costumbres y las regiones, los deportes, la cocina italiana, etc., el modo de proceder de las "humanidades digitales" consiste en hacer todas las representaciones gráficas (o "mapas") que las ideas propongan, contribuyendo cada una a considerar nuevas y mejores formas de comprensión del objeto en cuestión (Meeks, 2010).
  2. Para Patrik Svensson, la expresión "humanidades digitales" vive en la actualidad un efecto buzzword, o proceso de expansión del campo de aplicación, lo que ha llevado a comprenderlas como un modelo abierto de entrecruzamientos teóricos e informáticos. Los modos de integración que definen las "humanidades digitales" responden al análisis de las herramientas informáticas, los archivos virtuales, la didáctica de los medios y los dispositivos de laboratorio virtual (Svensson, 2010).
  3. Para David M. Berry es manifiesta la disputa sobre el mayor o menor beneficio que puedan obtener las humanidades del cambio permanente de la tecnología digital; resulta también manifiesto el incremento de las investigaciones en ciencias humanas que se sirven de los instrumentos, procesos, metodologías y registros derivados de la tecnología informática. Estos desarrollos son, por supuesto, variables, dependiendo de las disciplinas que los emprendan y de la manera como estas hacen apropiación de la tecnología digital. Las "humanidades digitales", con sus ingentes bases de datos y sus bibliotecas virtuales, no están precisamente a la zaga de esta reconfiguración del conocimiento (Berry, 2011).

Otras definiciones aluden a:

  1. Un "campo" no unificado, cuyos modos de relación con la información tecnológica han dado como resultado la cibercultura.
  2. Las configuraciones multimediales y las herramientas digitales que han desplazado la impresión de documentos y han provocado la diseminación del conocimiento.
  3. La redefinición de los periódicos y revistas en formatos digitales, y su asunción como instrumentos transmediales asentados en los sitios web.
  4. La experimentación en todas las disciplinas, incluidas las humanidades, con el servicio de las tecnologías digitales.

Esta pluralidad de definiciones deja ver que las "humanidades digitales" se resisten de momento a una delimitación precisa; no obstante, resulta claro que no se investiga de igual manera en los ámbitos digitales y en los de las ciencias humanas tradicionales. En estas últimas ha sido notoria la actitud de oposición frente a las ciencias exactas, así como la supuesta divergencia metodológica de los procesos de "explicación" y "comprensión"3, que revive la clásica disputa entre epistemología y ontología. Pero, ¿cómo se investiga en las humanidades digitales? En virtud de las distintas definiciones que de momento se tienen, se infiere que en estas se investiga:

» Buscando superar la oposición entre las disciplinas, los saberes y las metodologías.

» Integrando las fuentes de información.

» Construyendo comunidades académicas virtuales.

» Dejando registro de las rutas de indagación.

En otras palabras, las "humanidades digitales" operan una convergencia de propósitos en relación con el conocimiento sustentada en la mediación de tecnologías de la información, lo que ha dado como resultado la diversidad en los procedimientos de almacenamiento, contrastación y trasferencia de saberes. Asimismo, las "humanidades digitales" han conseguido realizar un desplazamiento del centro de operaciones de la vida académica, concentrada tradicionalmente en las aulas y los laboratorios, llevándolo a cualquier lugar desde el que se pueda tramitar e intercambiar información digitalmente.

Las trazas complementarias de las "humanidades digitales"

Frente a lo digital, son muchos los conceptos que van quedando en una situación de indefinición y que exigen una reformulación cuidadosa, para que se identifique con claridad que no se continúa hablando de lo mismo y que se debe buscar nombrar de otra manera porque, sencillamente, se ha entrado en un centro de significación de características diferentes. Uno de esos conceptos es el de "escritura", porque en los contextos digitales ¿qué es propiamente la "escritura"? La idea y la práctica secular de la "escritura", que acompaña a la humanidad desde su ingreso en la cultura del conocimiento de diferentes pueblos, se ha diversificado y vuelto a potenciar en el universo digital; la relación de la "escritura" con el estatuto de lo humano y con las humanidades sufre allí una renovación que hace del conocimiento otro conocimiento. Desde las "humanidades digitales" es otra la forma de entender la "escritura" y por ende otra la forma de configuración de lo humano.

Se comprende así que en esencia lo que ha cambiado en las "humanidades digitales" es la escritura, tan sujeta a la razón y a la lógica de los lenguajes verbales, pero tan diametralmente diferente al doble movimiento de abstracción y descripción de otras formas de representación como las gráficas y las imágenes. En la perspectiva de las "humanidades digitales", si se quiere identificar con claridad en qué ha consistido la reconfiguración de las prácticas de enseñanza y aprendizaje que se ha dado allí, se asume que cada elemento, sin importar que sea el más trivial e indiscutido, debe ser pensado y rediseñado nuevamente (una experiencia y un desafío similares a los que asume la ciencia ficción, donde una silla, un lápiz, un traje, un animal, los espacios, los alimentos, y hasta los mismos seres humanos deben ser repensados y reinventados). Pero quizás la noción que más preocupación debe causarnos, es la de "acción", porque ¿qué es una acción en el universo digital? Antes de responder esta pregunta, como ha sido costumbre en filosofía, desde Aristóteles hasta Hannah Arendt, hay que pensar de nuevo en la esencia y la trascendencia del actuar humano.

Así dicho, ¿qué se gana o qué se pierde al redefinir las acciones en el marco de las "humanidades digitales"? La condición ética de las acciones, por ejemplo, ¿se expone de igual manera en lo que convengamos como "acciones digitales"? Cuando Martin Heidegger redactó, en 1946, su Carta sobre el humanismo en respuesta a la pregunta que le formulara Jean Beaufret: "Comment redoner un sens au mot 'Humanisme'?" ("¿Cómo dar de nuevo un sentido a la palabra 'Humanismo'?"), lo primero que tuvo en mente fue la consideración que tenemos, apenas aproximada, del actuar humano: "Estamos muy lejos de pensar la esencia del actuar de modo suficientemente decisivo" (Heidegger, 2000, p. 11) -fueron las palabras iniciales de Heidegger-. La disyuntiva era entonces confrontar, de un lado, el actuar productivo, tan ambiguo en sus resultados, oscilando entre construcción y destrucción; mientras del otro lado, en el actuar se llevan a cabo acciones justas, a las que se puede confiar la rehumanización de la vida y las costumbres. Pero hoy, setenta años después, ¿qué se debe entender por "acción" en términos digitales? Abordar esta pregunta implica entrar sin timideces en las opciones que representan las "humanidades digitales" en los planos ético, político, económico, administrativo, estético, tecnológico y científico de la experiencia y el conocimiento humanos. ¿Y todo esto en razón de qué?, brevemente:

» Porque en cada uno de estos planos hay acciones dirigidas, con mayor o menor acierto, a dotar de sentido lo humano.

» Porque las "humanidades digitales" están llamadas a eliminar barreras y a amplificar el conocimiento, superando las deficiencias de la educación formal, donde paradójicamente los humanistas resultan ajenos a los científicos, tecnólogos y administradores, al punto de estigmatizar sus saberes y oficios tildándolos de "deshumanizados".

Este reclamo está ya presente en las ideas de Georg Steiner sobre las humanidades, lo que significa que mucho antes de que se hablara de "humanidades digitales", el análisis crítico de la situación entre las humanidades y el conocimiento científico y tecnológico reclamaba confrontar los prejuicios y superar las dificultades comunicativas entre los saberes. Pero ¿cuál podría ser el mejor medio para establecer relaciones de interacción entre la cultura humanística y la cultura científica? Steiner planteó el estado de la cuestión en los siguientes términos:

Hasta que los estudiantes de humanidades no aprendan seriamente un poco de ciencia, hasta que la gente que estudia lenguas clásicas o literatura española no estudie también matemáticas, no estaremos preparando la mente humana para el mundo en que vivimos. Si no entendemos algo mejor el lenguaje de las ciencias no podemos entrar en los grandes debates que se avecinan. A los científicos les gustaría hablar con nosotros, pero nosotros no sabemos cómo escucharlos. Este es el problema. (Steiner, 2002, p. 12).

El trasegar de las humanidades a lo largo de los siglos ha tenido por norma desvincular determinados contenidos del proyecto humano, o concentrar el sentido de lo humano en unas franjas del conocimiento y no en otras. Como respuesta a esta situación de intransigencia frente a los métodos y resultados de disciplinas calificadas como "no humanísticas", Samuel Weber escribió su célebre conferencia: "7he future of the Humanities: Experimenting" ("El futuro de las Humanidades: experimentando", 2000), donde se propuso identificar los campos de acción desde los cuales llevar en ascenso, o dar al menos sostenibilidad a la máxima utopía de las humanidades: encarnar la experimentación sin considerarla una pérdida sino, por el contrario, una afirmación necesaria de la objetividad del conocimiento. Weber señala que la "unidad de la universidad" (2000, p. 17) moderna conjuga dos aspectos de la expresión de las humanidades heredada de Europa; dichos aspectos son:

» El esfuerzo por demarcar una corriente de tradición clásica en relación con el conocimiento y las artes.

» La tendencia a construir subjetividades sobre dos valores vinculados: la "verdad" y el "conocimiento".

Entre tradición y cultivo del yo se define, por tanto, el plan de la moderna universidad, o del proyecto de las humanidades para los nuevos tiempos. Así las cosas, una vez se hace manifiesto el movimiento de migración de todas las formas de expresión y todos los conocimientos al universo digital, comienzan las "humanidades digitales". Sin embargo, ¿qué indicios claros anuncian las relaciones posibles y prósperas de unos individuos con otros?, ¿se darán estas en función de las humanidades, a secas, o será acaso por medio de las "humanidades digitales", en tanto que estas se vuelcan al conocimiento analítico, pero también comprensivo de absolutamente todo?, ¿puede sostenerse con optimismo que bajo la forma de la reunión de intereses positivos, de preservación y recuperación, es aún posible la realidad social bajo tres procedimientos propios del universo digital: la pasión de archivar, la globalización del conocimiento y la transmodalidad de las comunicaciones?

La cultura digital contribuye a la realización de los aspectos señalados por Weber, llevando la idea y el hacer de la universidad moderna más allá de los espacios reales de su emplazamiento. Lo humano se revela así más cercano a la cotidianidad y a la acción del conocimiento, más autónomo en su racionalidad. Y es en la universidad moderna donde, decididamente, las humanidades entran en relación con la experimentación, siendo de allí de donde brotan los discursos técnicos, humanísticos y científicos (islas metafísicas en las que, como denunció Nietzsche (2004), se representa la búsqueda de un "mundo verdadero") que, en palabras de Vattimo: "Sería capaz de proporcionar la fundamentación tranquilizadora en lugar de la incierta mutabilidad del mundo visible" (Vattimo, 2009, p. 453). Sin embargo, siempre que pueda asegurarse que se persigue un "mundo verdadero", ya se trate de las ideas platónicas, de la concepción religiosa sobre la otra vida, del a priori kantiano, o de las "humanidades digitales", habrá un choque violento con la crítica radical que insistirá en que se ha tomado distancia una vez más de lo estrictamente humano, de lo corporal, del diálogo pedagógico, del colorido de la vida y del ser de las cosas, obrando en beneficio de los grandes capitales, adoleciendo sin escrúpulo de los trasfondos político y social, ético y cultural.

Conclusiones

Hans-Georg Gadamer localizó en la tradición el papel "formador" de las humanidades, que cobran relevancia de cara a la autocomprensión que alcanza el individuo. Así expone:

En la formación uno se apropia por entero de aquello en lo cual y a través de lo cual uno se forma. En esta medida todo lo que ella incorpora se integra en ella, pero lo incorporado en la formación no es como un medio que haya perdido su función. En la formación alcanzada nada desaparece, sino que todo se guarda. (Gadamer, 2007, p. 40).

El concepto de "formación" apunta, por tanto, al despliegue del ser de la persona desde su interioridad; despliegue que se puede entender como un proceso orientado hacia un fin. Esto significa que la formación no se produce como resultado, sino que surge de un proceso continuo. Pero, en este sentido, ¿puede afirmarse que la "formación" que se recibe hoy de la cultura digital y de las tecnologías de la información, se incorpora de tal manera que, no obstante su novedad, constituye para los individuos un referente de comunicación, sociabilidad y cultura instalado ya, de manera segura y proactiva en la "tradición"? Para ir a un ejemplo, el teléfono móvil se identifica hoy como un elemento perfectamente involucrado con la corporalidad, la sociabilidad, la situacionalidad y el conocimiento del ser humano, más allá de que tal sobredimensionamiento localizado en un instrumento de fácil dominio sea efectivamente adecuado a la naturaleza y condición humana. A pesar de su exterioridad, el teléfono se dispone como un elemento humanizado, próximo a la encarnación, conforme lo revelan sus vínculos con el lenguaje y con la autoconciencia de los individuos. En otras palabras, el aura y la objetividad del teléfono deciden en el individuo los móviles de conexión y expansión que le reclaman los nuevos tiempos.

Como respuesta a este estado de cosas, las "humanidades digitales" están en la posibilidad de jugar un papel importante, siempre y cuando se cumpla sin restricciones lo que se ha llamado "democratización del conocimiento", que consiste, de un lado, en el reconocimiento y difusión de saberes culturales e interculturales, y de otro lado, en la orientación pedagógica adecuada en relación con el uso y el acceso a los recursos digitales. Siendo así, ¿puede afirmarse que son las "humanidades digitales" el nuevo y verdadero instrumento para la formación? Cuando personas de perfiles profesionales diferentes finalmente se escuchan y debaten con buenos argumentos sobre las perspectivas humanísticas de la ciencia y la tecnología, más allá de sembrar alarmas sobre los estados de tensión, o sobre los riesgos relacionados con el desmoronamiento de las humanidades, identifican que las "humanidades digitales" no equivalen a una moda, como tampoco a una situación de óptimo conocimiento. Los principales aportes de las "humanidades digitales" son, al día de hoy: los grandes bancos de información, las redes de difusión de la investigación, los sistemas de seguridad de datos, ¡que es bastante! No obstante, todo este andamiaje virtual continúa siendo objeto de crítica y no es visto en absoluto como una opción clara de recuperación del sentido de lo humano, en el mismo nivel que se interpreta de las artes clásicas y los legados de los grandes humanistas.

Se llega, de este modo, a la primera comprensión que se ha buscado al poner en discusión el papel de las "humanidades digitales" frente a la consideración de "las humanidades en vilo": no son estas, como tal, un tipo de transición en términos controvertidos y escandalosos de la condición humana que renuncia a la tradición y se lanza sin norte al conocimiento virtual, sino la condición misma, el modo principal de activación y desempeño de la intersubjetividad. Hay además una segunda comprensión que no se debe perder de vista: las "humanidades digitales" constituyen una ampliación de grandes proporciones de la realidad y la experiencia. Por supuesto, lo que conocemos como "humanismo" seguirá poniendo en la balanza las ofensas y la intolerancia entre individuos, pueblos y culturas, la destrucción de la vida, la devastación ecológica, cotejándolas con las acciones de reconocimiento de la diferencia, los acuerdos de paz, la promoción de las artes y las letras, la no violencia, el cuidado de la niñez y la vejez, la preservación de especies y las formas vivas. Para ser consecuentes, si hemos dicho que el universo digital sobredimensiona el mundo real, compete a las "humanidades digitales" ampliar la resonancia de aquellos propósitos que siembren verdadera comprensión del valor de lo humano, de la diversidad y el reconocimiento.


Notas

1 "The digital humanities can be broadly understood as embracing all those scholarly activities in the humanities that involve writing about digital media ante technology, and being engaged in processes of digital media production, practice and analysis. Such activities may include developing new media theory, creating interactive electronic archives and literature, building online databases and wikis, producing virtual art galleries and museums, or exploring how various technologies reshape teaching and research". La traducción es mía.
2 Conforme a lo dicho, se suscribe la defensa en términos de humanización que hace Jacques Derrida de la palabra "mundo", en su conferencia L'Université sans condition (1996): "(Conservo la palabra 'mundialización', en lugar de 'globalization' o 'Gobalisierung', con el fin de mantener la referencia a un «mundo» (world, Welt, mundus) que no es ni el globo, ni el cosmos, ni el universo). Sabemos que la red conceptual del hombre, de lo propio del hombre, del derecho del hombre, del crimen contra la humanidad del hombre, es la que organiza semejante mundialización. Esta mundialización quiere ser, por consiguiente, una humanización".
"(Je garde le mot français de 'modialisation' pour 'globalization'» ou 'Globalisierung' afin de maintenir la référece à un 'monde' (world, Welt, mundus) qui 'est ni le globe, ni le cosmos, ni l'univers.). Le réseau conceptuel de l'homme, du propre de l'homme, du droit de l'homme, du crime contre l'humanité de l'homme, nous savons qu'il organise une telle mondialisation.Cette mondialisation veut donc être une humanisation". (Derrida, 2001, pp. 12-13).
3 Los términos de esta dilatada discusión los introduce Wilhelm Dilthey (1949) al oponer las ciencias del espíritu y las ciencias de la naturaleza (comprensión vs. explicación). No obstante, hay en Paul Ricceur una aleccionadora puesta en común de los procesos de explicación y comprensión, expresada en la fórmula: "explicar más para comprender mejor".


Referencias

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