Jairo Ojeda o la poética hecha canción

Jairo Ojeda or Poetics Made into Song

Publicado
2017-06-16

Este escrito se propone valorar la obra de un juglar, de un creador de canciones infantiles, es importante por las múltiples dimensiones que el cantar a los niños y a las niñas encierra, tanto más en un país como la Colombia de hoy. Jairo Ojeda, sin duda, es un pionero, alguien que, con su guitarra y su imaginación, desbrozó caminos para atrapar mariposas, y, cual trashumante, recorrió el país para cantar con las comunidades negras e indígenas, para proponer acercamientos pedagógicos tocados de sentido y compromiso ético y estético. La palabra sensible vehicula sus búsquedas; una palabra que potencia las posibilidades de decir, desde ellas, cantarle al terruño, y contarle a los niños, en cada canción, el discurrir de la vida misma.

Palabras clave: affections, percepts, transhumant, troubadour (en)
Palabras clave: afectos, perceptos, trashumante, juglar (es)
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Jorge Enrique Sossa Santos, Pontificia Universidad Javeriana

Administrador Público de la Escuela Superior de Administración Pública. Fundó el Grupo de Canciones Populares Nueva Cultura en el que se desempeñó hasta el 2003 como director, arreglista, intérprete e investigador de músicas regionales colombianas. Miembro del Comité  Permanente del Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña; entre 1998 y 2013 fue coordinador del Movimiento Colombiano de la Canción Infantil. Actualmente, como diretor de la Escuela Musical Nueva Cultura, forma parte de la Red Colombiana de la Canción Infantil, recién conformada. Junto com Clara Calderón es orientador del programa “Con alma de niños”, que se difunde por la emisora universitaria UN Radio. Docente de la Maestría en Música, énfasis en Educación, de la Pontificia Universidad Javeriana.

Sossa Santos, J. E. (2017). Jairo Ojeda o la poética hecha canción. (pensamiento), (palabra). Y Obra, 18(18). https://doi.org/10.17227/ppo.num18-6288

Deleuze y Guattari (1991). ¿Qué es la filosofía?, Barcelona: Anagrama

Ojeda, J. (1979). “Caen las hojas”. Todos podemos cantar (Volumen 1), [documento electrónico sonoro]. Bogotá, Jairo Ojeda. Disponible en: http://www.emusic.com/album/jairo-ojeda-hitayosara-ojeda/todos-podemos-cantar/16084713/

Ojeda, J. (2016 [1998]). “Mi vecina Paula”. En: Mi casa. Medellín, Tita Maya y el Colegio de Música. Archivo sonoro “Mi vecina Paula”, (2016). Interpretado por el Coro Infantil de La Calera, Directora Carolina Torres López, publicado 26 de abril. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=eKs_KE9AyhQ, Texto disponible en: http://escuelasdeformacionartisticachitaga.blogspot.com.co/2011/02/la-tienda-de-paula.html

Ojeda, J. (compositor, 2000). “Veredita de los maizales”. En: Duendes en la vía: Martha Elena Hoyos canta a Jairo Ojeda. Medellín, Canto y Seña. Disponible en: http://www.mayraluna.com/destino_cantora.php?opcion=3

Ojeda, J. (2008). “¿Cómo se aproxima la palabra cuando compone?”. En: Música y literatura infantil colombiana. Bogotá, Biblioteca Nacional.

Ojeda, J. (2010). A la una la laguna y otros poemas. Bogotá, Sudamericana, segunda reimpresión 2012.

Sossa, J. (2009). “De la caverna platónica al jardín epicúreo: Tensiones entre la formación musical del ámbito universitario y los procesos no formales basados en las prácticas de las músicas populares”, [Ponencia], Congreso Nacional de Música. Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá: Ministerio de Cultura, 22 al 25 de febrero de 2009.

Recibido: de diciembre de 2016; Aceptado: de marzo de 2017

Resumen

Este escrito se propone valorar la obra de un juglar, de un creador de canciones infantiles, es importante por las múltiples dimensiones que el cantar a los niños y a las niñas encierra, tanto más en un país como la Colombia de hoy. Jairo Ojeda, sin duda, es un pionero, alguien que, con su guitarra y su imaginación, desbrozó caminos para atrapar mariposas, y, cual trashumante, recorrió el país para cantar con las comunidades negras e indígenas, para proponer acercamientos pedagógicos tocados de sentido y compromiso ético y estético. La palabra sensible vehicula sus búsquedas; una palabra que potencia las posibilidades de decir, desde ellas, cantarle al terruño, y contarle a los niños, en cada canción, el discurrir de la vida misma.

Palabras clave:

afectos, perceptos, trashumante, juglar.

Abstract

The purpose of this paper is to value the work of a troubadour, a creator of children's songs, which is important due to the multiple dimensions that singing to boys and girls encloses, all the more so in a country like Colombia today. Jairo Ojeda is undoubtedly a pioneer, someone who, with his guitar and his imagination, cleared paths for catching butterflies, and who, as a transhumant, traveled the country to sing with the black and indigenous communities to propose pedagogical approaches touched with meaning and an ethical and aesthetic commitment. The word sensitive carries its searches; it is a word that enhances the possibilities of saying, singing to the land and telling children about life itself through each song.

Keywords:

affections, percepts, transhumant, troubadour.

Resumo

Este escrito visa valorar a obra de um menestrel, de um criador de canções infantis, importante pelas múltiplas dimensões que o cantar das crianças possui, ainda mais em um país como a Colômbia atual. Jairo Ojeda, sem dúvida, é um pioneiro; alguém que com seu violão e sua imaginação, desenhou caminhos para pegar borboletas e, como um transumante, percorreu o país afora para cantar com as comunidades afrodescendentes e indígenas, para propor aproximações pedagógicas com sentido e compromisso ético e estético. A palavra sensível veicula suas buscas, uma palavra que potencia as possibilidades de dizer desde elas, cantar à terra e contar ás crianças, em cada canção, o decorrer da vida.

Palavras chave:

afetos, preceitos, transumante, menestrel.

Cada palabra la siento musicalmente, me sugiere la cadencia rítmica y melódica.
Jairo Ojeda, 2008, p.40.

Pensar en Jairo Ojeda, recordar cuándo y en qué circunstancias lo conocí, es evocar la actitud siempre abierta, el compromiso con las ideas y las apuestas de vida.

Dos consignas acuñadas por ese amigo entrañable me lo dibujan con toda claridad. "Todos podemos cantar", dijo hace muchos años cuando asumió su postura de trabajar por lo que hoy podemos entender como musicalización ciudadana, es decir, por hacer vivo el derecho que todos, sin distingo alguno, tenemos de cantar, de cantar para expresarnos, para gozar, para afirmar la vida. De otro lado, recordar la expresión "Atrapando mariposas" -que es como ha denominado algunas de sus propuestas creativas- es imaginar al Jairo siempre atento a capturar una idea, dispuesto a hacer de una palabra, de un objeto o de una situación, la más bella de las canciones.

Si se quisiera contar a alguien que nunca ha escuchado las canciones de Jairo Ojeda, si se deseara dar cuenta sobre quién es este juglar y cantor, si se tratara de describir las cosas que lo identifican y los elementos que lo caracterizan como persona o como creador y pedagogo, es preciso leer en su prolífico repertorio el mundo inefable de un creador musical comprometido y sensible. Por esto, de la mano de algunas de sus canciones quisiera caminar el trayecto que me implicará hablar del cómplice y del colega. Entonces, quisiera abordar algunos ámbitos de su obra y de su vida.

El pionero

Para nuestro país, Ojeda es el cantor que jalonó e instaló una manera de mirar y de decir, es un juglar que apostó por entablar diálogos inteligentes y profundos con los niños siempre agudos, inquietos y curiosos de nuestro país; el que situó en otro lugar la canción infantil en Colombia; el que le dio nuevos sentidos al cómo hablarle poéticamente a los niños de los poblados, de las veredas, de los campos; el que, hablando al mundo infantil, tocó el corazón de quienes coloquialmente él mismo ha llamado los exniños, es decir a los que fuimos niños y que, por las segmentaridades e imposiciones de la sociedad adulta, olvidamos que hay un mundo de la pregunta, de la fantasía y de la ensoñación. No lo percibimos, no lo sentimos, no lo vemos. Es un pionero por innovador, pionero por hacer del oficio de cantar el sentido de una existencia vigente, siempre presente, desde chontaduro maduro, se cayó la luna, el ciempiés, pasando por el tamborcito de barro y el negro Joaquín, hasta llegar a la una la laguna.

El trashumante

Es un trashumante porque va a otro lugar, irradia, se impregna y vuelve otro, porque se deja permear del otro. Afecta y es afectado. Jairo va de un lugar a otro, va, mira, observa, canta, propone, juega, piensa, escribe, se pregunta. Y vuelve transformado. Tal vez por eso cada que se conversa con él nos contagiamos de un espíritu siempre dispuesto a cantar. Quizá también por eso al conversar se está ante sueños inéditos, siempre en clave de imaginar nuevos escenarios posibles, nuevas acciones, nuevas maneras de llegarle a la gente, la cual para él tiene la marca de las culturas tradicionales, de la fuerza colectiva del ritual, de la fiesta, de la vida en comunidad.

Conversar con Jairo es la posibilidad de crear un universo de evocaciones y de deseos. Tiene siempre muchas cosas que contar; anécdotas siempre referidas no al autocultivo personal sino, por el contrario, a hechos colectivos, como cuando hablaba con las mujeres negras del Patía, o de los indígenas del Cauca, de su Cauca diverso y variopinto, siempre en resistencia, desde antes de Quintín Lame y en resistencia hoy. Y tiene qué contar porque su mente y su corazón están abiertos siempre a una creatividad anclada en el ver, en el estar y en el sentir a la gente, la de los sectores populares, con la que, y para quienes, ha decidido trabajar a lo largo de su existencia.

La palabra sensible

Preguntarle a Jairo cómo se aproxima a la palabra cuando compone canciones infantiles nos lleva a recordar lo que alguna vez dijo:

La canción tiene como característica el texto; en mi caso, lo primero que abordo cuando trabajo una canción es la palabra y las palabras que la van a conformar. Cada palabra la siento musicalmente, me sugiere la cadencia rítmica y melódica; [...] acaricio las palabras y las trasteo de un lugar a otro para que suenen y recojan la acentuación rítmica y melódica que ellas mismas me sugieren. Mi reto es lograr que resulte un todo armónico. (Ojeda, 2008, p.40).

Quizá, por lo dicho, muchas de sus canciones infantiles son ricas en el uso de palabras sonoras llenas de imágenes. Es como si las palabras se saborearan para, al decirlas, imaginar mundos posibles.

Viene a mi memoria la canción La lunita del Patía. Aquí el juego sonoro se arma a través de las palabras "sandía", "escondida", "Patía". El género usado es el bambuco patiano, expresión de afrodescendientes de la región del valle del río Patía en el departamento del Cauca, en Colombia.

La lunita con el sol

juegan a las escondidas.

Mientras él cuenta hasta diez,

ella está en una sandía.

En sandía del Patía

la lunita está escondida.

La lunita en la sandía

se acurruca muy feliz,

porque el sol que está buscando

no ha pasado por ahí. (Ojeda, 2010, p. 20).

Y sigue la canción desbrozando versos octosílabos en los que predomina la asonancia para mostrar imágenes vivaces y coloridas.

El artesano

Si una canción captura el sentido del mundo infantil tiene que llegarle a todos; ahí está el desafío. Alguna vez le pregunté qué diferencias podían existir entre componer canciones para los adultos y canciones para los niños, y me dijo que, al enfrentarse a la creación de una nueva canción, primero, asume a conciencia el papel de compositor, lo que implica estar atento, ser un centinela de la vida, de las circunstancias cotidianas, para contarle a los niños el discurrir de la vida misma. Así, cualquier fenómeno o personaje vale la pena contárselo a los niños, envolviendo las palabras en papel de regalo para que sean una caricia. Componer para los niños, entonces, es un compromiso, no se da al azar, hay una intención. La canción para los adultos tiene una diferencia cualitativa. El niño es dado a creer lo que se le dice -comenta Jairo-, por eso la canción que se dirige a él debe tener la responsabilidad ética y estética que se cristaliza en el poder de la palabra.

Cada canción de este incansable juglar es un mundo, cada canción es moldeada como moldea un artesano la arcilla o la madera, es una herramienta que posibilita otras maneras de ver el mundo, para ayudar a ver el mundo de otra manera, tal vez como Jairo imagina que lo ve la vaca Ramona:

-¿De qué ríe Ramona? -murmuran todas-

si una vaca que ríe se ve tan tonta.

Y Ramona, que sabe, se hace la sorda

mientras rumia luceros bajo la sombra. (Ojeda, 2010, p.26).

Y siguen estrofas estructuradas cual seguidillas, lo que nos muestra que la lengua se amasa, se moldea, se apropia; tradición que se conoce y se pone al servicio de decir de maneras inéditas.

El oficiante

La canción infantil es conjunción de textos literarios y dimensión musical, algo así como una letra que se canta. Al platicar sobre el oficio de componer, le pregunté alguna vez si en sus composiciones abordaba primero el texto y después la música, o combinaba esas dos aproximaciones. Respondió con firmeza:

Primero es la percepción de una situación. Ahí no están la palabra ni la música como entidades que se asumen intelectualmente; algo llama la atención del creador. Depende de su potencial, de cómo asimila una situación dada, un fenómeno o un personaje, porque cada hecho lleva consigo el ritmo y la misma estructura poética, de allí que la observación sea decisiva.

Un hecho puede ser trivial o ser trascendente, depende de la mirada. La lluvia, por ejemplo, algo tan aparentemente natural, puede encerrar una gran belleza poética. En la misma lluvia está el ritmo, ¿cómo lo percibe quien lo mira? Fue enfático en afirmar: "No disecciono, no separo". Por eso, en clave de relación pedagógica con los niños, recomienda que la percepción se enriquezca y que cada niño, potenciando su propio acto creativo, exprese cómo aprehende su propio mundo.

Un ejemplo está en la caída de las hojas, algo aparentemente simple, que Jairo recoge en una canción, la cual, como él mismo lo dice, envuelve en papel de regalo para prodigar ternura a quienes la reciben. Recordar Caen las hojas, una de las primeras canciones de Jairo Ojeda, es, sin duda, una bella síntesis de todo lo que hemos dicho de ese juglar de la vida, de ese bardo de la imaginación:

Caen las hojas,

las hojas rojas,

en volteretas

una tras otra. (Ojeda, 1978, track 30).

Son enunciados cortos, certeros, precisos, consistentes, versos pentasílabos que son como sentencias que invitan a repensar el mundo que nos rodea y que, sin embargo, estando tan cerca, no vemos. Y sigue en una suerte de variación rítmica del texto:

Y se van con el viento y la brisa

enrulándose el aire sin prisa,

alfombrando los prados y calles

cascabeles rojos resuena el aire.

(Ojeda, 1978, track 30).

Naturaleza y cultura

Jairo ha tenido múltiples aproximaciones poéticas a elementos de la naturaleza. Quizá influenciado por el rico entorno natural de su Mercaderes nativo, ha compuesto canciones que fungen como una suerte de oda a lo aparentemente simple y prescindible; pero, de manera contundente, con palabras llenas de sentido, convoca a la reflexión sensible, moviliza el pensamiento, afecta, toca, conmueve y lo hace en canciones que construyen relaciones vitales con elementos naturales que, al estar ahí, tan cercanos, paradójicamente no vemos o ignoramos. "Que queremos sombra, / que queremos verde, / que queremos agua" es como una consigna estéticamente plasmada en su canción El musguito para invocar el cuidado de la naturaleza. Si bien sabemos que los musgos desempeñan un importante papel en los ecosistemas en que se encuentran, ya que retienen la humedad del suelo y evitan su degradación, y además constituyen un importante refugio de pequeños invertebrados, cómo decirlo con metáforas, cómo hablarlo con palabras que sean más afectos y perceptos1, y no meras lecciones sobre ecología. Al decirlo cantando, con la sutileza de quien cuida cada palabra con sus significados y sonoridades, se redimensiona el sentido de lo dicho. Es una canción, en fin, que surgió para invocar a la conciencia del daño ambiental que afecta los ciclos vitales de la naturaleza:

Allá en la montaña,

donde el sol se cuela

por entre las ramas

y las hojas secas,

el agua se esconde,

el agua se enreda

donde están los duendes

jugando con greda. (Ojeda, 2010, p. 42).

Ahora, en una variedad de recursos poético literarios, expone en versos hexasílabos un poema-canción a un elemento natural que, podemos decirlo, es la piel de la madre tierra.

Como cuando, con un motivo melódico anclado en la rítmica juguetona del bambuco patiano, repite siempre variando el enunciado: "ojito de agua se secó / ojito de agua se secó [...]" nos enfrenta a una bella expresión que humaniza un fenómeno vital de la Madre Tierra, es como si nos instara a remirar los nacimientos de agua e interpelarnos al decirnos: "la Madre Tierra tiene ojos". Vuelven los versos octosílabos para decirnos en uno de los apartes de la canción antes citada:

Nadie le quiso sembrar

ramitas de veranera

ni pepitas de arrayán,

guásimos y tamarindos,

uña'egato y palma real,

arbolitos de chambimbe,

un hermoso guayacán,

un frondoso carbonero

para irse a columpiar. (Ojeda, 2010, p.48).

Observar, percibir

Una de las inquietudes de Jairo ha sido la investigación etnográfica; observar, detallar para describir lo simple, lo cotidiano. Tal vez por esa razón muchas de sus canciones tienen la marca de una sonoridad ancestral y tradicional que se liga expresivamente con esa sonoridad colectiva de las músicas regionales.

Hay una variedad de temáticas en las canciones de Jairo. Estas no aparecen porque sí. El autor tiene posturas éticas y estéticas a partir de las cuales opta por tratar un tema dado, unos valores, una manera de ver el mundo. Hay un episodio de la vida de nuestro país que convocó a su condición de oficiante de canciones. Fue aquel infausto suceso del terremoto de Armenia, por allá en 1998. En alguna conversación, de esas ricas en experiencias de vida, le pregunté por dos canciones, Las arepas y La vecina Paula. Me dijo: "Hay situaciones circunstanciales como ese hecho complejo y difícil del terremoto. En esas condiciones, la canción alivia, ayuda a asimilar una situación trágica, es lo que sucedió con esas canciones". Las dos hablan de la actitud resiliente de mujeres que, ante la adversidad, se las arreglan, la una para hacer y vender ricas arepas aprendidas a cocinar por tradición, y la otra para hacer en la ventana de su casa una tiendita llena de cosas ricas, apetecibles y útiles. Canciones llenas de detalles cuidadosos que describen cada elemento, cada objeto, cada personaje. En La vecina Paula vuelven los versos hexasílabos, otra vez riqueza y contraste:

Mi vecina Paula

levantó una tienda

en la ventanita

de su casa nueva.

La adornó con flores,

con cuatro materas

y una ventanita

para estar atenta.

El que tenga tienda que la atienda,

y si no la atiende que la venda. (Ojeda, 2016 [1998]).

Orgulloso de su terruño

"Compuse una canción dedicada a Mercaderes, esta canción se ha convertido en un himno de mi pueblo, la cantan los niños [...] se llama Veredita de los maizales", me dijo en otra ocasión:

Vereda del verde de los maizales

acunada al galope del viento

que me lleva a decir lo que siento,

qué bonito es el pueblo que llevo dentro.

(... )

del solar familiar soy tu duende cantor,

y si escuchas mi voz, Emiliano-tambor2

bajaremos del cielo tu violín, Chavaró3. (Ojeda, 2003, track 9)

De manera poética, Jairo dibuja todo su sentimiento de afecto por su terruño. Y cuando está ante un hecho cotidiano, al enfrentarse al reto de manejar cualquier aparato producto de los desarrollos tecnológicos de hoy, dice con hilaridad: "Es que yo soy de Mercaderes". De alguna manera, con orgullo, enfatiza el ser nativo de un pequeño pueblo de ese Cauca profundo y a la vez la liviandad que le ha permitido conocer la complejidad de las culturas negras e indígenas, todas tan cercanas, tan imbricadas y, sin embargo, tan singulares. En esa complejidad intercultural, Jairo ha sabido tejer ritmos y melodías, la del bambuco patiano, la del huayno, la de tantos géneros que domina.

Pensando la paz de Colombia

Para terminar lo que podría ser un infinito relato, quiero sentir que las canciones de Jairo Ojeda nos invitan a pensar en los niños, nos convocan a pensar el país en que vivimos. Quiero por eso recordar una canción que, si bien está pensada para los adultos, toca el alma de los niños en tanto dibuja la esperanza de un país en paz, lleno de posibilidades para el juego, la diversión, el conocimiento, el goce estético. Se llama Mirando las estrellas, van algunos de sus versos, que son una oración, un ruego por la paz:

Cuando pueda salir a mirar las estrellas

con mis manos mansas, libres, abiertas, sueltas,

sin mirar las esquinas ni la calle desierta,

solo las estrellas.

(...)

Cantaré la paz, danzaré la paz, soñaré la paz

(... )

Hermano sol, hermana luna

del humilde San Francisco,

anida como paloma

el corazón de los hombres de mi país.

(Mirando las estrellas, canción inédita, 2006).

Con todo, es un testimonio de un juglar, canciones para niños o para adultos con alma de niño, canciones para pensar la paz, el Cauca, el Patía, el juego, la invención, la imaginación y la vida.

Referencias

  1. Deleuze y Guattari (1991). ¿Qué es la filosofía?, Barcelona: Anagrama.
  2. Ojeda, J. (1979). "Caen las hojas". Todos podemos cantar (Volumen 1), [documento electrónico sonoro]. Bogotá, Jairo Ojeda. Disponible en: http://www.emusic.com/album/jairo-ojeda-hitayosara-ojeda/todos-podemos-cantar/16084713/.[Link]
  3. Ojeda, J. (2016 [1998]). "Mi vecina Paula". En: Mi casa. Medellín, Tita Maya y el Colegio de Música. Archivo sonoro "Mi vecina Paula", (2016). Interpretado por el Coro Infantil de La Calera, Directora Carolina Torres López, publicado 26 de abril. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=eKs_KE9AyhQ, Texto disponible en: http://escuelasdeformacionartisticachitaga.blogspot.com.co/2011/02/la-tienda-de-paula.html.[Link]
  4. Ojeda, J. (compositor, 2000). "Veredita de los maizales". En: Duendes en la vía: Martha Elena Hoyos canta a Jairo Ojeda. Medellín, Canto y Seña. Disponible en: http://www.mayraluna.com/destino_cantora.php?opcion=3.[Link]
  5. Ojeda, J. (2008). "¿Cómo se aproxima la palabra cuando compone?". En: Música y literatura infantil colombiana. Bogotá, Biblioteca Nacional.
  6. Ojeda, J. (2010). A la una la laguna y otros poemas. Bogotá, Sudamericana, segunda reimpresión 2012.
  7. Sossa, J. (2009). "De la caverna platónica al jardín epicúreo: Tensiones entre la formación musical del ámbito universitario y los procesos no formales basados en las prácticas de las músicas populares", [Ponencia], Congreso Nacional de Música. Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá: Ministerio de Cultura, 22 al 25 de febrero de 2009.
La relación ético-estética exige abordar la música como manifes tación artística, asumir el acercamiento al hacer musical desde la di mensión creadora. Para hacerlo proponemos usar los conceptos, los afec tos y losperceptos, asumidos como "tres potencias inseparables que van del arte a la filosofía y viceversa". El concepto como nuevas maneras de pensar; el percepto como nuevas maneras de ver y de escuchar; y el afecto como nuevas maneras de experimentar; las tres, como una trinidad filosófica y estética, se necesitan para generar el movimiento (Deleuze y Guattari, 1991).
Emiliano Pérez fue un mayor coplero e improvisador y tamborero de Mercaderes.
Salvador, negro violinista que había perdido dos dedos en una riña, y, sin embargo, tocaba como los dioses.