Editorial

El arte no es jamás un fin, es sólo un instrumento
para trazar líneas de vida
Gilíes Deleuze & Felix Guattari (1980)

Esperamos que la intención y contenidos de este monográfico que ahora está a la vista, no sugiera una alusión a moda alguna. No nos hemos alinderado en torno a la Paz al hilo de conversaciones, acuerdos, plebiscitos, plazos, disentimientos, etc. Para nuestra facultad, la Paz no es asunto coyuntural, se ha forjado como complemento medular y estructural de reflexiones, investigaciones y procesos de formación que ahora pueden hacerse visibles. Equiparamos Arte y Paz, por considerar el Arte como camino, vemos en él, y en la Educación, la construcción de seres humanos integrales, individuos no fragmentados ni escindidos, con cuerpo, mente y espíritu, capaces de construir ese relato nacional que tanto necesitamos. El Arte es, también, imbricación de sociedades, culturas, territorios y prácticas a modo de sedimentos a los que se supeditan dinámicas de construcción de identidad, representación de colectivos, constitución de subjetividades, producción de formas de ser y habitar en un mundo cada vez más frágil.

En tales condiciones vemos la Educación y el Arte como acontecimientos (Deleuze, 2005), en sentido heideggeriano (1997) como "ámbito oscilante, mediante el cual hombre y ser se alcanzan uno a otro y alcanzan lo suyo esencial" (pág. 89), el arte se muestra entonces, como la esencia de ese ser hombre, puede ser eso que nos constituye y hace del arte el ser o ese habitar estético del hombre. El arte como acontecimiento es fundante de nuevos sujetos, por ello es en sí mismo un acto en potencia, imaginémonos entonces, toda la carga simbólica de transformación que él conlleva.

Es que Arte, Educación (y la Paz) han de afectar al individuo, le ocasionan ciertas crisis; ¡trastornan! La experiencia educativa comparte con la experiencia estética el efecto de alterar sensibilidades, emociones e intelectos, transformar las subjetividades a propósito de la ruptura creada por el acontecimiento. Como se trata de generar futuro vivible, un escenario cada vez más posible de Paz exige reconfigurar el proyecto educativo de la nación considerando volver a la persona, a la producción de sentido estético de sí, al reconocimiento, la aceptación propia y ajena, la construcción simbólica de la reparación y el acercamiento al Otro. Tener a la vista la Paz es, de suyo, el entorno que nos define como promesa de un futuro posible y escenario de creación factible.

El Arte nos recuerda nuestra compleja plasticidad, lo que hace decir a Richard Rorty (1996), uno de los más renombrados ilósofos de la actualidad, que no hay humanos paradigmáticos; empero, una educación centrada en la persona y nucleada en torno a procesos estéticos y pacificadores, abrirá compuertas para su constitución. El arte es en sí mismo acontecimiento, y, como la Paz, añade vida a la vida, o si no observemos los efectos estéticos del perdón y la reconciliación en los que volvemos al núcleo vital de la humanidad: el anhelo y la certeza de cambio. En el arte, como la educación y en el perdón: hay trasformación, porque son, ante todo, conmemoración de la vida, acontecimientos confirmativos. Lo decimos en palabras de Mario Perniola (2001) "Para la existencia de lo estético se hace esencial, al menos, la posibilidad del fin de un conflicto, de una paz venidera, de un momento pacificador en el que dolor y lucha se vean, sino definitivamente cesados, sí, al menos, momentáneamente suspendidos". (p. 194).


Referencias

Deleuze, G. (2005). Lógica del sentido. Barcelona: Paidós.

Deleuze, G. & Guattari, F. (1980). Mille Plateaux. Capitalisme et schizofrenia. Paris: Les Ediciones du Minuit.

Heidegger, M. (1997). Ser y tiempo. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

Perniola, M. (2001). La estética del siglo XX. Madrid: Antonio Machado Libros.

Rorty, R. (1996). Contingencia, Ironía y solidaridad. Barcelona: Paidós.