Los marcadores discursivos pero y ¿no? en el habla sur andina de Nariño, Colombia

Discourse Markers But and ¿Not? in the South Andean Speech of Nariño- Colombia

Os marcadores discursivos pero e ¿no? na fala sul andina de Nariño, Colômbia

Publicado
2019-07-01

En este artículo de investigación se examina el uso de los marcadores pero y ¿no? en el habla surandina nariñense; se asumen los niveles semántico y pragmático de estos marcadores en posición final, en diferentes acontecimientos comunicativos y explica su convencionalidad en estructuras discursivas cotidianas. Este trabajo es descriptivo y se desarrolla en el marco de la etnografía de la comunicación, en cuyo contexto se señalan las principales acepciones semánticas y las formas pragmáticas habituales de pero y ¿no? El uso oral de estas expresiones trasciende las funciones de conjunción y de adverbio respectivamente.

Palabras clave: discourse markers, but, ¿not?, Southern Andean speech of Nariño (en)
Palabras clave: marcador discursivo, pero, ¿no?, sur andino nariñense (es)
Palabras clave: marcador discursivo, pero, ¿no?, sul andino nariñense (pt)
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Roberto Ramírez Bravo, Universidad de Nariño

Magíster en Lingüística Española, Doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura Españolas.

Ramírez Bravo, R. (2019). Los marcadores discursivos pero y ¿no? en el habla sur andina de Nariño, Colombia. Folios, (50), 65-82. https://doi.org/10.17227/folios.50-10222

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Resumen

En este artículo de investigación se examina el uso de los marcadores pero y ¿no? en el habla surandina nariñense; se asumen los niveles semántico y pragmático de estos marcadores en posición final, en diferentes acontecimientos comunicativos y explica su convencionalidad en estructuras discursivas cotidianas. Este trabajo es descriptivo y se desarrolla en el marco de la etnografía de la comunicación, en cuyo contexto se señalan las principales acepciones semánticas y las formas pragmáticas habituales de pero y ¿no? El uso oral de estas expresiones trasciende las funciones de conjunción y de adverbio respectivamente.

Palabras clave:

marcador discursivo, pero, ¿no?, sur andino nariñense.

Abstract

This paper examines the use of the markers but and ¿not? in the Southern Andean speech of Nariño; it describes these words, considering the semantic and pragmatic levels in different communicative situations and explains the conventionality of the same in everyday discursive structures. This study is descriptive and develops along the framework of Communicative Ethnography, in a context that designates the main semantic meanings and pragmatic common forms of but and ¿not? Their oral use transcends the functions of conjunction and adverb respectively.

Keywords:

discourse markers, but, ¿not?, Southern Andean speech of Nariño.

Resumo

Este documento examina o uso de marcadores, mas e certo? na fala sul andina nariñense; os níveis semântico e pragmático desses marcadores são assumidos na posição final, em diferentes eventos comunicativos e explicam sua convencionalidade nas estruturas discursivas cotidianas. Este trabalho é descritivo e é desenvolvido no âmbito da etnografia da comunicação, em cujo contexto os principais significados semânticos e as formas pragmáticas usuais de pero e ¿no? O uso oral dessas expressões transcende as funções de conjunção e advérbio, respectivamente.

Palavras-chave:

marcador discursivo, pero;¿no? Sul andino nariñense.

Introducción *

Los estudios del habla y de la pragmática lingüística facilitan desentrañar las múltiples relaciones entre lenguaje, individuo y sociedad; entre lenguaje y formas de ver las realidades socioculturales, y en general, entre lenguaje e imaginario de mundo en que interactúan los sujetos. Estudiar el habla supone la identificación de las maneras que utiliza el sujeto para interactuar y para configurar los grupos sociales; presume la explicitación de las estructuras lingüísticas recurrentes que caracterizan las convenciones con las cuales se comprende y se interpreta al mundo; sugiere el acercamiento a los ideales en los que el sujeto crece.

Las investigaciones que se han realizado sobre el tema del habla andina describen y advierten las peculiaridades del habla del usuario de la región (Cisneros, 2001; Arboleda, 2002; Maffia, Ramírez y Bastidas, 2012). Los autores señalan características generales y específicas en las dimensiones lexicográfica, fonética, morfosintáctica y semántica de algunos aspectos del habla nariñense. Los glosarios elaborados, llamados diccionarios por algunos, registran un buen número de palabras, con el respectivo significado, utilizadas en Nariño1 (Álvarez, 1984; Pazos, 1972; Bolaños, 1975; Sanz, 2006); los trabajos sobre fonética en unos casos y sobre morfosintaxis y semántica en otros, dicen del terreno próspero para el análisis lingüístico (Albor, 1975; Pabón, 1988; Maffla, 2006; Ramírez, 1994, 1996, 2014, 2016; Cisneros, 2001, etc.). Cada investigación resalta un aspecto particular del habla andina nariñense, sin embargo, no se hallaron trabajos que asuman el tema objeto de análisis.

El presente escrito reafirma características definidas en la comunidad de habla y aporta elementos teóricos para comprender e interpretar los actos discursivos del hablante andino nariñense; aborda el estudio de los marcadores pero y ¿no?, utilizados en la cotidianidad del habla sur andina nariñense y describe las singularidades semánticas y pragmáticas de estas voces en diferentes contextos comunicativos. La elección de pero y ¿no? obedece a la recurrencia en los procesos de intercomunicación en la región, en diferentes contextos enunciativos y por distintos usuarios de la lengua, independientemente de la edad, del estrato o del rol que desempeñe socialmente.

Este trabajo se apoya en la etnografía de la comunicación, dado que facilita el análisis de la información desde las realidades comunicativas y permite la descripción del ambiente en que se produce el acto de habla. Igualmente, posibilita comprender la estructura lingüística en relación con la función que representa para los interlocutores. La etnografía de la comunicación asume los distintos componentes que integran la situación de habla, el evento y el acto de habla, los que a su vez, dan cuenta de la competencia comunicativa del usuario de una lengua. Parafraseando a Hymes (1976), la situación de habla es el escenario físico en el que se produce el enunciado; el evento es la necesidad de comunicar; y el acto de habla es la ejecución del enunciado producto de la necesidad de intercomunicación.

Metodología

Este trabajo se apoya en el marco de la etnografía de la comunicación, puesto que: recurre a la comunidad de habla de la zona sur andina nariñense para analizar el objeto de estudio; asume el habla y se interesa por comprender las prácticas comunicativas desde las motivaciones que inspiran las interacciones de los actores (Hymes, 1971). La etnografía de la comunicación pone en evidencia la relación lengua/sociedad a través de la interacción lingüística intencional y deseada; estudia los estilos cognitivos (formas de percepción, abstracción, síntesis, simbolización de la realidad) y la cooperación entre los participantes de la comunidad de habla; dirime las particularidades que causan asombro, en este caso semánticas y pragmáticas suscitadas en las conversaciones formales o informales; narra y visibiliza las sugerencias que están inmersas en la actividad comunicativa diaria y situada de los usuarios de la lengua.

La investigación describe e interpreta enunciados que incluyen los marcadores pero y ¿no?, en contextos singulares y, desde lo lingüístico y diatópico, reconoce la complejidad de lo sociocultural. Realiza un acercamiento a la etnografía de la comunicación, atendiendo a las reglas sociales y culturales, explícitas o no, que rigen el uso de las voces en cuestión, en determinados enunciados y contextos. Se relatan enunciados situados que cuentan las formas de habitar, de simbolizar y de significar el mundo; enunciados que cuentan experiencias en un momento determinado y significan con dependencia de los interlocutores, de los lugares y de las trayectorias de las relaciones sociales (Hymes, 1971).

La pertenencia del investigador a la zona facilita la familiaridad con los informantes, el ajuste rápido y eficaz a las situaciones comunicativas, la diferenciación de los comportamientos lingüísticos naturales de los sobreactuados y las adecuaciones corporal y mental requeridas por la situación de interacción lingüística. El investigador se integra a la cotidianidad y, desde allí, sistematiza e interpreta los datos de la comunidad de habla (Tezanos, 2000); es un observador participante, en inmersión total, que convive e interactúa, con empatía y trato horizontal con el hablante. Así, se detalla los fenómenos desde adentro-perspectiva émica.

La muestra de informantes la conforman hablantes rurales y urbanos en cantidades similares, de estratos medio y bajo, con escolaridad básica y media: los primeros realizan labores agrícolas, otros laboran en servicios varios o son amas de casa; los segundos se desempeñan en servicios varios (estudiantes, conductores, vendedoras de almacenes, vendedores ambulantes, comerciantes, dirigentes comunales, entre otros). En proporción mínima, participan profesionales y profesores de educación básica y media y, excepcionalmente, de educación superior. Los informantes tienen edades por encima de los 18 años, oriundos de la región, con padres nativos de la exprovincia de Obando (Túquerres, Ipiales, Guachucal, Cumbal) y de los municipios de Pasto, Tangua, Guaitarilla, Imúes, Iles, Contadero, Gualmatán, Samaniego, Santacruz, Sandoná, Yacuanquer, Consacá.

La información se recogió entre agosto de 2014 y enero de 2017 en diversas localidades la región andina del departamento de Nariño, Colombia. La técnica de observación participante fue el recurso primario para el levantamiento de datos que se toman de situaciones auténticas de acción discursiva. Se utiliza el diario de campo y la grabación en audio para el registro de los distintos usos orales de pero y ¿no?; se transcribe lo que se dice y la entonación con que se dice, quién lo dice y a quién. Se recopila un corpus de 1500 enunciados, que a lo largo de la indagación se analiza y se filtra, según los propósitos de la investigación. Los ejemplos transcritos son parte de conversaciones informales, espontáneas o no dirigidas que, por la extensión, se incluye únicamente el enunciado que identifique el fenómeno. El uso reiterativo de pero y ¿no?, en la totalidad de los informantes, permite generalizar conclusiones.

El corpus también es objeto de revisión y de discusión por parte de los integrantes del Grupo de Investigación en Argumentación (GIA)2, con quienes se triangula el análisis de la información. Con el corpus abierto al equipo se analiza la fiabilidad de los enunciados, los usos, la frecuencia de uso, los informantes y la intención comunicativa con que se utiliza la estructura. Este análisis colectivo y crítico posibilita la caracterización de la variedad diatópica.

El análisis conceptual del uso oral de pero y ¿no? toma como punto de referencia los niveles de análisis semántico y pragmático: se describen e interpretan los significados y los sentidos de pero y ¿no? en el contexto de los enunciados y se reconoce la polifonía de las voces de los actores, con el propósito de comprender la intención de la interacción lingüística realizada. Se explicita el fenómeno, a través de ejemplos tomados de la situación de habla, evento y acto de habla que le faciliten al lector la comprensión de lo expresado. Dicho análisis asume aspectos suprasegmentales o de entonación con el propósito de cualificar y definir los sentidos y los significados que se sumergen en el enunciado. En síntesis, la metodología se desarrolla a partir de la detección del fenómeno lingüístico, la identificación de usuarios e informantes, el levantamiento del corpus, la clasificación y el tamizaje de enunciados relevantes y el análisis semántico y pragmático del uso de los marcadores discursivos en cuestión.

Elementos teóricos

Los estudios de lingüística pragmática no han unificado la nomenclatura para las partículas o nexos transfrásticos, así por ejemplo, mientras en Europa prefieren el término conector, en Estados Unidos optan por la estructura marcador discursivo (discourse marker).Gily Gaya (1943) los llamó enlaces extraoracionales, denominación adoptada por la Real Academia de la lengua Española en 1973; consecuentemente, otros estudios los denominaron operadores pragmáticos (Barrenechea, 1969); partícula modal o modalizadores (Helbig y Buscha, 1972); ordenadores del discurso (Alcina y Blecua, 1975); conectivos (Halliday y Hasan, 1976); conectores argumentativos (Ducrot, 1983; Portolés, 1989); enlaces discursivos (Lamiquiz, 1991); conectores enunciativos (Lamiquiz, 1994); operadores discursivos, posteriormente, marcadores discursivos (Martín Zorraquino, 1988; Casado, 1991); conectores discursivos, luego marcadores discursivos (Montolío, 1992, RAE y ASALE, 2009); conectores pragmáticos (Briz, 1993); enlaces textuales (López, 1994; Anscombre y Ducrot, 1994); muletillas (Christl, 1996), entre otros.

Este desacuerdo terminológico incluye variaciones conceptuales importantes, por ejemplo, Fuentes (2013, p. 23) propone diferencias entre conjunción y conector:

Conjunción: une dos segmentos, oraciones, sintagmas o palabras. No tiene movilidad. Se coloca entre los dos segmentos que relaciona.

Conector: une enunciados o párrafos, aunque también puede aparecer entre segmentos menores. Tiene movilidad, va entre pausas, no tiene por qué aparecer entre los dos enunciados, puede aparecer en medio del segundo, o al final de él.

En la perspectiva de la teoría discursiva, el uso de la conjunción adversativa pero trasciende la definición aportada y el adverbio de negación no adquiere funcionalidad adicional a la establecida por la gramática como tal.

Pero como conjunción adversativa y como marcador o conector discursivo

De acuerdo con la Real Academia Española (2014), la palabra pero proviene del latín per hoc, "por esto", cuyo fin es objetar o contraponer un concepto; la retórica ciceroniana la usó para negar enunciados; en el español antiguo se sustituía con la conjunción mas (diferenciada del adverbio de cantidad más y con la acepción de sino), actualmente se hace lo mismo en algunas estructuras, pero con menor frecuencia, como en (1): Trabaja demasiado mas no le rinde / mas, sin embargo, no le rinde. En este enunciado como en otros "la conclusión contemplada a partir de la primera proposición no es solo contraria a lo que se debe concluir de la segunda: es directamente contraria a esta segunda, en sí misma" (Anscombre y Ducrot, 1994, p. 127); de igual forma, se recurre a empero con similar significación y con diferente ubicación, como en (2): Es persona de alcurnia, empero tiene hábitos de bandido.

De las conjunciones adversativas, probablemente, pero es la de mayor frecuencia de uso (Maričić y Durić, 2011) y, de allí deriva la configuración de diferentes funciones en las que se realiza (Moliner, 1998), a saber:

  • Representa oposición o señala una contrariedad: (3) Buen estudiante, pero egoísta.

  • Incorpora enunciados que desencantan o desilusionan: (4) Gustas, pero no te quiero.

  • Restringe, delimita o atenúa una circunstancia: (5) Hay agua, pero está contaminada.

  • Condiciona o establece parámetros para una acción: (6) Vienes, pero vienes sola.

En los ejemplos anteriores, la conjunción pero sugiere una situación adversativa o un obstáculo que impide que el sujeto, la acción o la tarea sean exitosos completamente; superpone unión de enunciados consecutivos y "unión de movimientos argumentativos" que incluyen desacuerdos o diálogos polémicos (Pons, 1998, p. 73), como en (7a) Chismoso pero noble / Suficiente comida pero mal preparada; (7b) Sebastián es adinerado, pero caritativo / Alejandro es político, pero sincero.

En (7b), la presencia de pero claramente exige inferencias contrarias o inversas al imaginario social de considerar al adinerado como tacaño y al político como mentiroso. En general, la conjunción adversativa pero promueve significaciones de: oposición, restricción, exclusión, condición y de prohibición, entre otros, de cara a la estructura del enunciado en el que se encuentre.

Como marcador o conector discursivo, diversos trabajos, incluyendo la Nueva gramática de la lengua española (RAE y ASALE, 2009, vol. II, p. 2451), asumen la conjunción pero como conector adversativo -con-traargumentativo, en la perspectiva de la argumentación (Fuentes, 1998a, 1998b; 1999; Maričić y Durić, 2011)-. En la dimensión textual, se trata como organizador discursivo u operador de argumentación que origina oposición, matización, fortalecimiento o confrontación de conceptos (Anscombre y Ducrot, 1994).

Otros, en atención a las propiedades pragmáticas, lo asumen como marcador discursivo (Schiffrin, 1987), como partícula discursiva o marcador con carácter más procedimental que conceptual (Briz, Portolés y Pons, 2008; Fuentes, 2009), que va más allá de lo puramente gramatical y el sentido se comprende en el contexto del enunciado. Briz, Portolés y Pons (2008, p. 128), en la introducción del Diccionario de partículas discursivas del español, explicitan que no incluyen la conjunción "pero [...] porque dicha forma está más vinculada o integrada en la proposición3".

Fuentes (2009, 2013) lo concibe como un operador que pertenece a la estructura del enunciado, como un tipo de marcador discursivo que establece relación entre enunciados. En cierta forma, "el término conector y su variante enlace extraoracional se han creado a partir de la categoría más clásica de la conjunción" (Pons, 1998, p. 19). En este trabajo se lo denomina marcador o conector porque, además de cumplir funciones restrictivas de oposición o de contraargumentación, instaura movimientos de sentido discursivo polifónicos adicionales, circunscritos a las intenciones del locutor y negociados de forma intersubjetiva con el oyente.

En esta perspectiva, pero puede utilizarse para reforzar la valoración del enunciado o de una parte del enunciado (un sustantivo, un verbo, un adjetivo o un adverbio), en los cuales no necesariamente explicita la oposición. Dicho marcador intensifica la condición negativa del suceso (8), aumenta las características del objeto (9), enfatiza la acción del sujeto (10), pondera la cualidad del sujeto o del objeto (11), incrementa el modo de la acción (12).

(8) ¡Pero! ¿Cómo pudo suceder esto?

(9) Compró una casa, pero casa / ¡pero ¿Qué casa?!

(10) Este niño canta, pero canta.

(11) Es bella, pero bella / pero muy bella.

(12) Trabaja mucho, pero mucho.

En enunciados excepcionales pero es un marcador discursivo en calidad de sustantivo que presupone un inconveniente o incluye un problema; en el ejemplo (13) mantiene el sema de oposición:

(13) Siempre le busca algún pero / ¿Quién dijo pero? / ¿Quién le puso el pero?

Los estudios realizados por Porroche (2002, p. 50; 1998, p. 239) muestran a la expresión pero como un elemento metadiscursivo, por cuanto introduce una réplica (14) o "introduce una enunciación que cambia el giro de la conversación" (15)

(14) ¿Cuándo de te vas? / Pero sí no me voy.

(15) ¿Iremos juntos? / Pero sí que es tonto, vamos, te he dicho que no viajaré.

En general, el conector o marcador discursivo pero aparece en diferentes contextos y provee la ampliación y el ensanchamiento discursivos; el sentido fundamental es contrarrestar lo dicho o restringir cualidades; en esta función adversativa, regularmente está seguido de verbos en indicativo o de negación. En el orden discursivo es un conector contrastivo de oposición o un contraargumentador: introduce una contraopinión que afecta una parte del enunciado y favorece la fuerza ilocucionaria del locutor (Anscombre y Ducrot, 1994; Portolés, 1988, 1995; Fuentes, 1998a; Montolió, 1992).

No como adverbio de negación y como marcador u organizador discursivo

La negación es un tema que ha sido objeto de análisis desde la lógica y la filosofía clásicas, hasta las matemáticas, la psicología, la lingüística actuales, entre otras. Se concibe como el procedimiento transversal a las diferentes disciplinas que conduce a negar, a falsear, a no realizar o no admitir un acontecimiento. La negación es un tópico requerido en distintos campos, de constante estudio y de amplia difusión.

Para introducir el tema en cuestión, se presentan algunas generalidades conceptuales descritas por Bosque (1980, p. 19) y Sánchez López (1999, p. 2563), entre otros, quienes describen el concepto de polaridad negativa (originario de la gramática generativa), para referirse a las palabras y sintagmas que poseen un significado negativo inherente. En la lengua española existen diversas formas de negación, como los adverbios nadie, ninguno, nada, nunca, jamás; los verbos negar, rehusar, declinar, repudiar, renunciar, desechar; las expresiones: en mi-tu-su / vida, en absoluto, de ningún modo, ni loco; las estructuras imperativas que niegan la acción ¡cállate!, !silencio¡ = no hables; los elementos lexicales contraargumentativos no obstante, sin embargo, por el contrario; las estructuras ni -ni lo uno, ni lo otro- como negaciones léxicas (Rodríguez, 2005). Según la modalidad, la expresividad y la afectación que el hablante quiera dar a un enunciado, puede utilizar más de una forma sin caer en afirmaciones, por el contrario reafirma la negación, como en:

(16a) No he visto a nadie por allá / (16b) Él jamás niega que nunca colabora con nada

En (16a, b) la negación es inherente y es absoluta dada la intensidad con la que se estructura; cada negación asevera el sentido del discurso. Las negaciones dominantes o absorbentes como los adverbios nunca, jamás, tampoco o los indefinidos nadie, nada, ninguno pueden aparecer en un mismo enunciado sin que este fenómeno constituya una afirmación; a pesar de lo que dice la lógica (dos negaciones producen una afirmación), cada elemento negativo incrementa la negación dominante, como es el caso de (17):

(17) En esta ciudad ninguno hace nada por la preservación del aire / Nunca nadie ha hecho nada al respecto / Tampoco el profesor nunca le ha dicho nada a nadie, en ninguna circunstancia, la necesidad de preservar el aire. Nadie, ninguno, nada pueden funcionar como pronombres indefinidos o como adjetivo, entre otros (don nadie, ningún hombre, la nada).

En esta dirección, Bosque (1980) realiza un extenso estudio sobre las formas de negación en español formal escrito y en español hablado informal. Por su parte, Sánchez López (1999) cita diversos estudios que describen una variedad de uso de términos, de sintagmas y de inductores (rehusar, rechazar, impedir) que pueden crear polaridad negativa; además, señala las propiedades de la conjunción coordinante copulativa ni, la propiedad de inductor que tiene la preposición sin, entre otros. Conviene agregar que el proceso de negación, también se encuentra en prefijos que afectan la morfología de la palabra y niegan u oponen cualidades, por ejemplo: des-comedido, dis-capacidad, α-normal, anti-higiénico, contra-insurgencia, in-sano y la forma no + sustantivo / no hombre (RAE y ASALE, 2009).

De manera específica, la negación no (del latín non4; apócope por asimilación [Corominas y Pascual, 1981]) es una operación lingüística derivada de la aserción, con la cual no siempre se niega la relación entre sujeto y predicado, como lo expresa la gramática tradicional, sino que también se pueden expresar marcas de énfasis (Sanz Alonso, 1995), dada la movilidad sintáctica en el uso de este adverbio.

Para negar con el adverbio no, regularmente se antepone al verbo y se habla de negación gramatical, el elemento negado viene precedido del modulador no.

También actúa de manera independiente y enfática como respuesta a una pregunta, veamos:

(18a) ¿Me regalas una moneda? (18b) No / no regalo nada

En (18b) actúa con significado deíctico, la función radica en cerrar, suprimir o eliminar el sentido de la proposición. Según Anscombre y Ducrot (1994, p. 223), "la negación produce una inversión argumentativa, es decir una relación de oposición entre enunciados", más concretamente entre contenidos. La Nueva gramática de la lengua española (RAE y ASALE, 2009) describe una importante cantidad de funciones del operador sintáctico no; algunas, especificadas en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE, 2014) son expresiones de:

  • Contraste: (19) No te pedí esto sino aquello.

  • Inexistencia: (20) Comportamiento no apropiado.

  • Interrogación: (21) ¿No vendrás / no estuviste allí?

  • Además, actúa como:

  • Expletivo tras la conjunción que: (22) Te he dicho que no fumes en clase

  • Valor enfático en oraciones exclamativas cuantitativas y cualitativas (23a): De ti no espero nada / no espero ni el saludo; también en estructuras discursivas subordinadas temporales tras la aparición de hasta, como en: (23b) Hasta que no comió no se fue

  • Locuciones de distinto orden, como: (24) A que no (a que no me alcanza) / No más (no más agüeros en casa) / Pues no (pues no acudo a la cita)

Por su parte, Carbonero (1980, p. 165 y ss.) señala que el adverbio no suele ser: i) formulador nocional de modificación verbal, no cantas; ii) formulador nocional de modificación adjetival, no muy reverente; iii) sustituto oracional que cumple funciones anafóricas, ¿Hay clases? no lo sé; y, iv) modificador verbal con funciones catafóricas, no estoy para nadie. En este orden de ideas, no se incluye en diversos contextos, cumpliendo funciones distintas a la de adverbio de negación. Normalmente, señala el rechazo, la oposición a un enunciado y varía la opinión del interlocutor.

No como marcador u organizador discursivo, configuración metadiscursiva, adquiere valor pragmático, refuerza y guía la intención inmersa en el enunciado; cohesiona estructuras e imprimen fuerza ilocutiva al diálogo. En el enunciado ¿¡No vienes!?, no marca énfasis y tiene una función apelativa; el hablante sugiere la necesidad de que el interlocutor reflexione sobre la acción, para lo cual incluye entonación exclamativa e interrogativa, en donde la exclamación produce tendencia hacia la afirmación.

El anterior enunciado no niega, introduce la modalidad a una pregunta que no necesariamente espera una respuesta negativa; en esta estructura la negación no es lo contrario de la afirmación (Sanz Alonso, 1995), a diferencia de los enunciados (25a y 25b), en los que el marcador no es un elemento lingüístico que se utiliza para negar una fracción de la estructura textual o la estructura textual en su totalidad:

(25a) No vienes a la reunión programada para el lunes. / (25b) No hay reunión el lunes.

Siguiendo a Sanz Alonso (1995, p. 382 y ss.), en los actos de habla, la negación no puede tener diferentes realizaciones, a saber: i) "duda" quizá, talvez, acaso, esprobable...+ no; ii) "interrogación" con el valor de cortesía ¿No te importa?, de censura ¿No dice que es la única que canta?, y la marca de interrogación al final me ayudas ¿no?; iii) "réplica" no me digas/ no, ni loco; iv) "rectificación" no quería decir eso; v) "indiferencia" no me dice nada; vi) "sorpresa" ¡no me digas!; vii) "ignorancia" no sé nada; viii) "incredulidad" no puede ser; ix) "mandato" no vengas, etc. Según lo expresado, no adquiere matices semánticos y, consecuentemente, valoraciones diferenciadas en los procesos discursivos. Por otra parte, la expresión no es común encontrarla en la lengua hablada como negación expletiva, espuria o pleonástica que no aporta valor negativo al enunciado; es decir que la omisión de este tipo de negación no implica el cambio de sentido de la estructura, como es el caso de (26): No se fue hasta que (no) llego el remplazo.

En los actos de habla, ¿no? al final del enunciado es un marcador desprovisto de contenido léxico pleno, dicha expresión "niega" e interroga; busca comprobar o certificar la validez del enunciado; es un indicador fático cuyo propósito es constatar que el receptor recibe el mensaje; al final de enunciados asertivos enfatiza la veracidad del contenido del mismo, promueve en el interlocutor la ratificación o aprobación del enunciado por parte del interlocutor como en (27): En la oficina te recibo los documentos ¿no?

Probablemente, es un soporte fático que permite constatar que el enunciado fue recibido plenamente o también un descanso que posibilita continuar el discurso. En otros enunciados se encuentran los marcadores ¿No es cierto?/¿no es verdad/¿no es así?, con lo cual se explicita la constatación del enunciado, por ejemplo en (28a, b, c):

(28a) Camilo es un buen amigo, ¿no es cierto? / A ti te consta, ¿no es cierto?

(28b) Camilo es un buen amigo, ¿no es verdad? / A ti te consta, ¿no es verdad?

(28c) Camilo es un buen amigo, ¿no es así? / A ti te consta, ¿no es así?

En (28a, b, c) el hablante enfatiza la asertividad del enunciado, llama la atención del interlocutor, ratifica para sí mismo y para el otro lo dicho, busca aprobación por parte del interlocutor (Galué, 2002). Posiblemente, también se introduzca como muletilla con la intención de hacer una pausa y pensar el enunciado siguiente, como en:

(29) El lenguaje diario es matemático, ¿no es cierto?, todas las acciones se miden en cantidades ¿ no es cierto?, etc.

A partir de lo anterior, se pude decir que la negación es un marcador u organizador discursivo que tiene diferentes manifestaciones. En el contexto de la enunciación, dicho elemento funciona como una marca del progreso del texto oral y como un elemento que refuerza intenciones del locutor.

Análisis de la información

En esta sección se presentan resultados del estudio empírico de los usos de pero y ¿no? en el habla dialógica del hablante sur andino nariñense; se describen las características semánticas y pragmáticas que adquiere el uso de estos marcadores discursivos. El análisis de los discursos recogidos muestra que los hablantes utilizan estos elementos discursivos como se ha descrito en el marco teórico, pero también con otras formas alternativas, a saber:

Pero como marcador discursivo en el habla sur andina de Nariño

En posición final del enunciado

Busca concretar el sentido de la acción y constatar el desarrollo del fenómeno como tal; es un reformulador pragmático, que vuelve sobre lo dicho para insistir en la intención del hablante; un apoyo modal enunciativo que adquiere varios matices de sentido como resultado de la negociación entre el significado gramatical y las diversas situaciones de interacción discursiva, por ejemplo en (30) 5

(30) Estudiantes universitarias en el aula de clase:

A: Estoy muy preocupada por el trabajo / B: Te entiendo, ¿cuándo haces la tarea pero?

A2: No sé si el profesor lea el trabajo pero / B2: Ya veremos

B y A2 se pueden parafrasear como sigue: (i) Te entiendo, pero... ¿Cuándo haces la tarea?; (ii) Pero... no sé si el profesor lea el trabajo.

Pero cierra enunciados independientemente de la categoría gramatical que le precede, aunque es más recurrente después de verbos, en este contexto, adquiere un sentido fático (en el contexto de la enunciación y del enunciado) y continuativo: prolonga el valor enunciativo, la intención comunicativa, el énfasis subjetivo del hablante y de la enunciación; es una manera de llamar la atención del oyente sobre el fragmento de habla que le precede y opera de manera anafórica, como muestran los siguientes ejemplos:

(31a) Profesor y estudiante universitarios en aula de clase

A: ¿Terminaste el examen? / B: Sí, estuvo duro pero. (31b) Esposos en la calle

A: Nos encontramos más tarde / B: Me llama pero

(31c) Vendedora y cliente amigo en centro comercial

A: Por favor ¿me llevas? / B: Te afanas pero

Puede pensarse que lo ocurrido es simplemente una permutación de palabras que ha producido un texto agramatical o un absurdo; no obstante, la significancia de los enunciados sufre variaciones: adquieren un matiz condicional o adversativo distinto al que se manifiesta como conjunción adversativa, particularmente si se produce con entonaciones diversas, como se verá en seguida.

Pero se podría interpretar como una muletilla (Gily Gaya, 1943; Ynduráin, 1964; Cortés, 1991; Porroche, 2002), un bordoncillo o una conjunción de uso expletivo con matices estilísticos o modales que dan armonía y ritmo innecesarios (modalpartikel6 en Helbig y Buscha, 1972). No obstante, en la conversación, es una señal de tipo estratégico-dialógico que implica relaciones semánticas diferentes con el enunciado que antecede. El uso de pero no es caprichoso, tampoco incierto, responde a variabilidades lingüísticas que se sistematizan en la cotidianidad discursiva y no presenta barreras en la intercomunicación. Conviene señalar que no se encontró documentación sobre el análisis del uso de pero en cierre de enunciado en otros contextos de habla hispana7.

Con distintas entonaciones

Imprime sentidos al enunciado o a la solicitud planteada. En el diálogo, la inclusión de pero con la melodía cadente-descendente ↓ se puede asimilar a una súplica, como se puede observar en:

(32a) Ama de casa y empleada de servicio doméstico

A: Te invito a mi casa el domingo / B: Gracias / A: No te olvides pero

(32b) Estudiantes universitarios en aula de clase

A: Vamos a la cafetería / B: No, yo voy más tarde / A: Vienes pero

En (32a y b) el uso del marcador pero sirve para exhortar a cumplir la promesa sugerida en el acto de habla e insinúa una recomendación para el desarrollo de una acción futura. Aunque en el nivel del significado, la voz pero apunta al desarrollo de una condición, desde el punto de vista pragmático y en el nivel del sentido, mediado por la entonación, lo que realmente implica y procede es un compromiso suscrito por el afecto o la cercanía de los interlocutores. Exige otros razonamientos y otras convenciones para inferir información subsumida en el discurso, especialmente debido a las entonaciones que lo acompañan. Es dable decir que, dependiendo del énfasis impuesto al término pero, este adquiere el mismo matiz de significado de las interjecciones apelativas, dado que se dirige al interlocutor y, en términos de acto de habla, la fuerza ilocucionaria marcada en el enunciado es plenamente identifiable (Martin Zorraquino, 1998). En este sentido, hay una diferencia importante entre: vienes y vienes pero ↑.

La melodía anticadente-ascendente ↑ de pero hace que funcione como modelador, dado que, matiza la pregunta (33) y los enunciados imperativos (34a, b):

(33) Profesor y secretaria en pasillo de universidad

A: Entregué los recibos de pago de salud y pensión / B: ¿Usted sí presentó eso pero ↑?

A: Las calificaciones y los soportes fueron entregados / B: ¿Y sí presentó eso, perot ↑

(34a) Esposos en hogar

A: La bebé mojó el pañal / B: No le dé más tetero pero↑ / ¿Hasta cuándo pero

(34b) Estudiantes universitarios

A: ¿Vienes con nosotros? / B: Yo voy y tú pagas pero

Además, la melodía anticadente-ascendente ↑ matiza y refuerza la exclamación en (35a y b); de igual manera las afirmaciones en (36a y b) y, en casos excepcionales, ocurre con melodía semicadente ¬:

(35a) Estudiantes universitarios en cafetería

A: Entregaron los vales del almuerzo / B: ¡Rápido pero↑! A: ¡No me dieron nada pero ↑!

(35b) Profesor universitario y secretaria

A: ¿A qué hora puede ser la reunión? / B: ¡De diez a doce pero! ↑ .

(36a) Conductores de bus en parqueadero

A: ¿Tomas café? / B: Yo ya cené pero.

(36b) Hermanos campesinos en granja

A: No puedo asistir a la cosecha / B: Si vienes te guardo pero

Hablante y oyente definen claramente la adecuación pragmática de pero, en los campos lingüístico y físico, de tal manera que el enunciado no tiene barreras interpretativas; es un elemento textual que apoya la organización y la progresión de la conversación: los interlocutores asumen los sentidos implícitos y los procesos inferenciales que la entonación induce. A modo de ejemplo, en la tabla 1, se aprecian algunos sentidos inducidos por la entonación.

Tabla 1: Actitud del hablante y sentidos de pero

En la aseveracion o el mandato es comun escuchar el uso generalizado de pero, con la melodía anticadente-ascendente ↑, por ejemplo en (37): Manana pero/ Yo traje esto pero/ Ya te espero en la casa pero/ Comeras pero/ Tienes que cumplir

pero. En los ejemplos anteriores (contexto discursivo e interlocutores diversos) se observa que el marcador pero genera afectación interjectiva (de obligatoriedad); sugiere la petición o demanda con la cooperación y complementariedad del oyente (Grice, 1975).

Como se observa, el organizador discursivo pero constituye un deíctico que impone interpretaciones al discurso que le precede, lo que supone profundizar en la función adversativa y en el concepto de adversación para diferenciarlo del simple contraste (Montolío, 2001). Por otra parte, el uso oral del conector pero en el discurso cotidiano nariñense desborda la condición de elemento argumentativo y contraargumentativo, dado que su presencia en el discurso cotidiano no siempre exige la inferencia o la continuación de enunciados o de elementos de enunciados que pudieran oponerse a un primer enunciado.

¿No? como marcador discursivo en el habla surandina de Nariño

El análisis muestra que el marcador no, desde la perspectiva funcional, no siempre niega, y la variante ¿no? no siempre interroga. Por el contrario, con el apoyo de elementos suprasegmentales (↓,→,↑,⌐) y pragmáticos (intenciones), en el orden discursivo actúan como aspectos retóricos complementarios, como organizadores discursivos que cierran enunciados que expresan dudas, suplicas, interrogaciones, etc.

En uno o en otro enunciado, el hablante utiliza la expresión ¿no? con el propósito de imprimir determinados niveles de persuasión. Busca influir con el decir y la elocuencia pragmática: inquiere y sondea en lo dicho; aparte de comunicar, el enunciado sugiere información adicional como: atención, benevolencia o docilidad que debe prestar el interlocutor. En cualquier forma, el hablante y el oyente deciden el mejor sentido, en atención a la situación comunicativa.

Se piensa que el marcador ¿no?, en el cierre del enunciado, es una síntesis o resumen de las estructuras ¿no es cierto? /¿ no es verdad? / ¿no es así?, como suele ocurrir en otros contextos latinos (Carbonero y Santana, 2010); sin embargo, el estudio deja ver otras variables plenamente diferenciables. En casos aislados es un acomodamiento pragmalingüístico de las expresiones impersonales ¿no es cierto? / ¿no es verdad? / ¿no es así?, lo cual, a su vez, pragmáticamente supone la búsqueda de solución a la duda; puede sustituirse con ¿verdad?, en cuyo escenario se diría que, un enunciado declarativo se convierte en un enunciado interrogativo que exige respuesta que ratifique o niegue la declaración. Además, existe la posibilidad de permutar la estructura del enunciado, de tal manera que una expresión como "¿Tú vienes?" se subordine y se integre al enunciado, "¿No es cierto? / ¿No es verdad que tú vienes?".

Este fenómeno, en las estructuras puntualizadas, también está presente en otras lenguas como el inglés8 en las locuciones denominadas tag questions. En estos enunciados, el hablante desea imprimir un juicio o valor de verdad a lo expresado. En el escenario que nos ocupa, en un buen número de discursos, no es viable esta posibilidad, especialmente por la semántica que imprime la entonación del hablante, uno y otro enunciado difieren sustancialmente, por ejemplo: "Verás te espero, ¿no?" (↑) no es posible sustituirse por: "Verás te espero, no es cierto / no es verdad" (↓); "Estarás listo ¿no?" (↑) por "Estarás listo, no es cierto" (↓). Las estructuras citadas con no es cierto / no es verdad generan irregularidad semántica que ofrece resistencia interpretativa.

La subjetividad del hablante se incorpora a través de modalidades expresivas y la inclusión eminentemente dialógica de ¿no? como cierre del enunciado; con la entonación adecuada, hace que estos organizadores discursivos produzcan marcas de acuerdos y de desacuerdos. La actitud apelativa del hablante es difícil de explicar desde la perspectiva gramatical; sin embargo, se puede describir en los usos extraños, marginales e incluso exóticos de ¿no? en el habla coloquial. La significancia de esta expresión está en la actitud del hablante más que en lo dicho por el mismo; trasciende la función de muletilla o de expletivo y adquiere dimensiones y funciones pragmáticas intersubjetivas que inciden en la configuración del sentido.

La predisposición a reafirmar con este marcador discursivo no es exclusiva de la región, pero se destaca las variables tonales y la ineludible constancia en el uso. Según Fuentes (1990), en la investigación sobre el habla sevillana, ¿no? es un apéndice que funciona como apelativo; Cortés (1991), en el trabajo sobre marcadores del discurso, realizado en la ciudad de León, lo integra en el campo de los expletivos y las muletillas que se generan en el habla coloquial; Rabanales y Contreras (1992), en el estudio sobre las muletillas, utilizando diálogos informales en Santiago de Chile, caracterizan a ¿no? como expresión fundamental de la función fática9. En general, ¿no? se escucha en otras regiones y países del mundo hispanohablante (México, Chile, Bolivia, Perú) en forma interrogativa y puede entenderse como un sincretismo de la estructura no es cierto, por ejemplo: "En vacaciones vendrás a la finca ¿no? / ¿no es cierto?"; "Me dicen que llegas siempre tarde ¿no? / ¿no es cierto?" (profesor y estudiante universitarios de Bolivia).

En la estructura "Hoy no viajamos, ¿no? / ¿no es cierto?", la primera negación supone la ausencia de viajar hoy y la presencia de viajar en otro momento; la segunda y la tercera negación reconfirman la ausencia de viajar. Sin embargo, en ¿no es cierto? presupone la negación de la certeza de no viajar, lo que semánticamente incluye viajar, en tal caso hay una contradicción de significados que pragmáticamente se resuelve con los sentidos de afirmación que representa ¿no es cierto?, y se asume como "Es cierto que hoy no viajamos", negociación implícita realizada por los interlocutores del evento. Con estas aclaraciones es necesario diferenciar algunos usos de no frente a ¿no?, así:

Uso de "no"

Es común que el hablante utilice estructuras hechas con no para puntualizar la incomodidad o la desavenencia que produce el acontecimiento o la acción desarrollada; afirma negando con matices sutiles pero diferenciables; cierra el enunciado con tonalidades descendentes: vos si no ↓ / Ud. Si no, no ↓ / Ud. si es no ↓, de igual modo, produce locuciones excepcionales en suspensión, con el sentido de desconcierto: Ud. si noooo

El hablante armoniza con no la corrección de una acción realizada, incluye la impronta de una postura amable y termina con tonalidad en suspenso, veamos (38a y b):

(38a) Profesor universitario

A: Comenzamos reajustando la metodología no →; me parece importante evaluar el tema de las encuestas no →; las encuestas se revalidan con una prueba piloto con biología no

(38b) Vendedoras, centro comercial

No lo puedo creer, no / Nunca me comentaron el caso, no

Uso de "¿no?"

Al final del enunciado con tonalidades cadente, anticadente o suspensa, usualmente matiza la actitud del hablante; los casos más recurrentes son:

• Duda: matiza la indecisión o la incertidumbre que sugiere el enunciado, normalmente la melodía en suspensión acompaña al marcador (39a y b):

(39a) Estudiante universitario, parqueadero

A: Ahora tenemos clase de matemáticas, vas a venir ¿no? → / B: Ya veré

(39b) Ama de casa, mercado

A: Este repollo está bueno, lo compro ¿no? → B: Está bien (esposo)

Profundiza el desconocimiento manifiesto en el enunciado, finaliza con entonación en suspensión (40a y b):

(40a) Campesino y alcalde

A: Señor alcalde me puede atender / B: A Ud. no lo conozco ¿no? →

(40b) Vendedora y ama de casa

A: Le ofrezco lo último en moda / B: Este maquillaje es nuevo ¿no? →

• Exhorta: apoya el desarrollo del ruego o el reclamo que supone una determinada acción; trata de comprometer al oyente para que realice una labor. Igual que en el evento anterior, la tonalidad en suspensión asiste a la expresión (41a y b):

(41a) Estudiantes universitarios

A: Hoy fijará el profesor la fecha del examen / B: Me dices ¿no?

(41b) Ayudante y conductor de bus

A: Me voy a almorzar / B: Vienes tempranito ¿no?

Se escuchan enunciados en los que tanto emisor como receptor cierran la súplica con el marcador ¿no? con la intención de enfatizarla (42a y b):

(42a) Vendedores ambulantes

A: Nos vemos ¿no? → B: Te espero ¿no?

(42b) Tendero y distribuidor de alimentos

A: No se olvide de mi encargo ¿no? → / B: Pero irá a recibirlo al centro ¿no?

Asevera la posición sobre un evento determinado, con entonación ascendente (43):

(43) Agricultores en la parcela

A: Veras te espero ¿no? ↑ B: Me guardas el puesto ¿no? ↑ / A: Pero estarás listo ¿no? ↑

• Interroga: matiza enunciados que interpelan al oyente; la pregunta se torna enfática con entonación ascendente (44a y b):

(44a) Jefe y vendedora de supermercado

A: Mañana termino el inventario / B: Supongo que ¿vendrás a tiempo ¿no? ↑ ?

(44b) Hijo y madre

A: Mamita estoy muy cansado / B: ¿Mañana si vas a estudiar ¿no? ↑ ?

Los ejemplos evidencian que el oyente es interpelado por el hablante y debe cooperar para complementar el universo semántico-pragmático en el que se mueve la conversación. El hablante ratifica lo dicho y comprueba la aprobación del enunciado.

• Afirma: matiza enunciados que expresan rechazo o ironía; en algunos actos comunicativos son estructuras coloquiales hechas utilizadas para desaprobar cualquier situación extraña o extravagante que realice el interlocutor, cierran con entonación ascendente (45a y b):

(45a) Hijo y padre en plaza de mercado

A: Ayer me inmovilizaron la moto / B: Es que vos corres como loco ¿no?

(45b) Vendedores ambulantes

A: Cuándo nos perdemos / B: Así si tampoco, ¿no?

Además, interroga y reafirma el parangón o la correlación que suscita el enunciado, finiquita con entonación en suspensión (46a y b):

(46a) Presidente y tesorero Junta de Acción Comunal

A: Es necesario evaluar los avances y relacionarlos con el proceso ¿no? → / B: No se ha cumplido el plan de desarrollo, como se lo hizo el año pasado ¿no?

(46b) A: Los ojos de Amelia son más grandes que los de Sara ¿no? →

• Exclama: reconcilia la extrañeza o el desconcierto que sugiere el enunciado, afina la intención comunicativa con entonación, primordialmente ascendente (47a y b):

(47a) Tendero y cliente

A: Se murió Paco / A: ¡El esposo de Juana ¿no?! ↑

A: Hoy no viene la chiva ¿no? ↓ / B: ¡Hacen lo que les da la gana ¿no?!

De igual modo, matiza exclamaciones propias de enunciados que refieren enojos, concluye con entonación ascendente en (48):

(48) Discusión de novios en la chiva

A: ¡No te importo yo ¿no?! ↑, ¡me da igual si no me quieres ¿no?¡ ↑ / B: ¡A mí también me da igual ¿no?! ↑/A: Si te vas con esa perra, ¡ándate! ¡que te vaya bien ¿no?! ↑,hp.

• Manifiesta posibilidad: promueve la ejecución de una sugerencia; insinúa un tipo de actitud; enfatiza la primera negación y termina con melodía descendente (49a y b):

(49a) Esposo y esposa agricultores

A: Iré a la ciudad por más abono / B: Pero no te vayas a chumar (embriagar) no

(49b) Estudiante y profesor de escuela de adultos

A: Profe, la evaluación está fácil / B: Pero no se copien ¿no? ↓

En algunos casos matiza la desconfianza que sugiere el enunciado, cierra con entonación ascendente (50a y b):

(50a) Político y campesino

A: Todos vamos a votar por x / B: A mí no me engañan ¿no?

(50b) Agricultor y ama de casa

A: Mañana la visito / B: A Ud. es difícil creerle ¿no?

En cada uno de los ejemplos, la entonación o la melodía que le imprime el hablante al enunciado es la impronta que determina el sentido de este, y le sirve para mantener el turno. El uso oral poli-funcional que adquiere el marcador ¿no? es flexible y sirve como soporte de la intercomunicación en contextos particulares; la significancia que adquiere se relaciona con matices melódicos mostrados en los diálogos.

Finalmente, un mismo enunciado puede cerrarse con dos10 formas apelativas y la sutilidad de los suprasegmentales con los cuales se matiza hace que se transforme en duda, exhortación o exclamación (tabla 2), entre otros:

Tabla 2: Formas alternas de cierre en un mismo enunciado

Fuente: elaboración propia.

Los marcadores pero y ¿no? se usan de manera generalizada y alterna en la región, independientemente del sexo, el estatus y la escolaridad del sujeto. Ratifican el escenario y la condición enunciativa; cumplen funciones fáticas y sutilmente apelativas.

Conclusiones

El uso oral del marcador discursivo pero trasciende la condición de conector argumentativo, contraargumentativo o adversativo estipulada en la gramática. Los usos descritos no son caprichosos, responden a variables sociolectales que se sistematizan en la cotidianidad comunicativa. Se entiende como un reformulador pragmático que vuelve sobre lo dicho para insistir en la intención del hablante; un apoyo modal enunciativo que adquiere matices de sentidos como resultado de la (negociación) relación entre el significado léxico-formal y las diversas situaciones de interacción.

Pero obtiene un sentido fático en el contexto de la enunciación y del enunciado (llama la atención del oyente y resalta un fragmento del turno de habla), y continuativo: prolonga el valor enunciativo, la intención comunicativa, el énfasis subjetivo del hablante y de la enunciación. Es una apelación anafórica que interpela la atención del oyente sobre el segmento de habla que le precede, y catafórica, dado el anunció del fragmento discursivo relevante que está por venir. Esta apelación se convierte en garantía de la intención del hablante. Pero es un matizador que en posición final carece de significado específico; no obstante, en su condición polifónica, pretende un efecto perlocutivo y cooperativo en el oyente; el desacuerdo o el valor negativo inmersos en el uso generalizado de este conector se opaca con los matices fonéticos que le imprime el hablante en el discurso coloquial.

En síntesis, pero tiene uso multifuncional; permite el control del contacto, es un marcador pragmático que imprime sentido más que significado, contribuye con la matización de estados de ánimo y de emociones, es una expresión garante de legitimidad discursiva y de acción; se produce en una ambigüedad semántica o referencial, pero se dilucida en la función pragmática; el concepto se instrumentaliza y se emplea como elemento de intensificación o de focalización informativa; pero proporciona más coherencia que cohesión al discurso.

El adverbio ¿no? no siempre niega o interroga, por el contrario, con el apoyo de elementos suprasegmentales (↓,→,↑⌐) y pragmáticos (intenciones), en el orden discursivo actúa como elemento complementario que cierra el enunciado y matiza intenciones del hablante, como: dudas, exhortaciones, interrogaciones, afirmaciones, exclamaciones, entre otros. Lejos de ser muletilla o bordoncillo manipulable, ¿no? funciona como apelativo para concluir diversos enunciados de distintas características. Esto sugiere la necesidad de reflexionar detenidamente en la realidad del uso oral de ¿no? y de revisar las teorías sobre esta categoría, especialmente, desde la contextualización de la acción comunicativa.

En la teoría ortodoxa, la negación no se sostiene por sí sola, necesita de una proposición anterior para ser negada; en algunas circunstancias, previene el error del enunciado anterior, posibilita pasar de una situación de existencia-presencia a otra de inexistencia-ausencia, en general tiene poder y modifica la realidad humana (Bachelard, 1984; Brauer, 1993). En el contexto analizado, el marcador discursivo ¿no? va más allá de rechazar, prohibir, impedir o eliminar, incluso supera la concepción de negación. Dicha voz instaura un modo de interpretar las situaciones de vida, una manera de reafirmar la existencia de un fenómeno, un modo de sustentar la credibilidad y la legitimidad de la acción y de quien la realiza o de quien se presume la realizará.

La polivalencia funcional de pero y no evidencia la fuerza pragmática que posee el uso de tales marcadores, afianza la comprensión de los enunciados en los que se insertan y contribuyen a la consecución de los objetivos comunicativos.

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El GIA lo conforman personas oriundas e hijos de padres oriundos del sur andino nariñense (5), personas que han vivido más de cinco años en otras regiones (4) y personas que no son de la zona (3).
La cursiva y el subrayado son míos; se modifica el plural de la cita textual.
Raíz indoeuropea ne oinom < ne / neque < nec < ni, variante apoco-pada de ninguno. Estas raíces generan las palabras necio, nefasto, nimio, nulo, nimiedad, entre otras; además, los prefijos del griego a /apatía y del latín in /indecente (Corominas y Pascual, 1981).
Los fragmentos de diálogos se trascriben con A y B para identificar a los locutores.
En la lengua alemana oral se conocen como palabras de relleno, de aliño ; palabras insulsas que representan una espina en el ojo.
Tampoco se identifica funcionalidad cercana con la estructura conjuntiva del quechua (ichaga).
David is a good student, isn’t he? David es un buen estudiante, ¿no? You work in the university, don’t you? Ud. Trabaja en la Universidad, ¿verdad?
En quechua, las oraciones negativas se construyen con la partícula mana y el sufijo-chu al final de la oración (Jara, 1980); también se utiliza en preguntas ¿nachu?: ¿no es verdad?; ¿Hamu-nki-chu?: ¿vienes?; no prohibitivo: ama, por ejemplo: ama munani-chu: no quiero.
Con menor frecuencia, se cierran con el marcador ¿sí? : vas a venir ¿sí? ¬ / Lo compro ¿sí? ¬.
Este trabajo es parte de otro de mayor cobertura denominado “Sociolingüística en el habla sur andina nariñense, Colombia”, 5-02-2014- / 5-02-2018, Universidad de Nariño.
Ramírez, R. (2019). Los marcadores discursivos pero y ¿no? en el habla sur andina de Nariño, Colombia. Folios, 50, 65-82. doi: 10.17227/Folios.50-10222