Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*

  • Diego Arias Gómez
Publicado
2011-02-13

Este escrito presenta los trazos gruesos de la trayectoria del historiador Fernán González, destacado intelectual del país, cuya vasta producción académica hace ya parte de la historiografía colombiana. Sus vínculos, sus grupos, sus redes de trabajo, las instituciones de las que ha hecho parte y el contexto del país de la segunda mitad del siglo XX acompañan sus búsquedas personales y ayudan a entender su trabajo, su protagonismo y la orientación política que ha impreso en sus obras. 

APA

Arias Gómez, D. (2011). Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*. Revista Colombiana de Educación, (61), 53.71. https://doi.org/10.17227/01203916.855

ACM

[1]
Arias Gómez, D. 2011. Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*. Revista Colombiana de Educación. 61 (feb. 2011), 53.71. DOI:https://doi.org/10.17227/01203916.855.

ACS

(1)
Arias Gómez, D. Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*. Rev. Colomb. Educ. 2011, 53.71.

ABNT

ARIAS GÓMEZ, D. Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*. Revista Colombiana de Educación, [S. l.], n. 61, p. 53.71, 2011. DOI: 10.17227/01203916.855. Disponível em: https://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/RCE/article/view/855. Acesso em: 21 ene. 2021.

Chicago

Arias Gómez, Diego. 2011. «Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*». Revista Colombiana de Educación, n.º 61 (febrero):53.71. https://doi.org/10.17227/01203916.855.

Harvard

Arias Gómez, D. (2011) «Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*», Revista Colombiana de Educación, 0(61), p. 53.71. doi: 10.17227/01203916.855.

IEEE

[1]
D. Arias Gómez, «Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*», Rev. Colomb. Educ., n.º 61, p. 53.71, feb. 2011.

MLA

Arias Gómez, D. «Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*». Revista Colombiana de Educación, n.º 61, febrero de 2011, p. 53.71, doi:10.17227/01203916.855.

Turabian

Arias Gómez, Diego. «Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*». Revista Colombiana de Educación0, no. 61 (febrero 13, 2011): 53.71. Accedido enero 21, 2021. https://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/RCE/article/view/855.

Vancouver

1.
Arias Gómez D. Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*. Rev. Colomb. Educ. [Internet]. 13 de febrero de 2011 [citado 21 de enero de 2021];0(61):53.71. Disponible en: https://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/RCE/article/view/855

Descargar cita

Citaciones

Crossref Cited-by logo
0

Métricas PlumX

Visitas

252

Descargas

Los datos de descargas todavía no están disponibles.

Para comprender mejor el país. Fernán González, redes e historias*

A Better Understanding of our Country. Fernán González, Networks and Stories

Fernán González, redes e histórias. Para compreender melhor o país

Diego H. Arias Gómez**

*Este artículo tiene varios orígenes: en primer lugar hace parte de los elementos teóricos del proyecto de investigación financiado por el Centro de Investigaciones de la Universidad Distrital denominado Educación para la ciudadanía: relatos de la exclusión; en segunda instancia, del proyecto de doctorado Identidad nacional y escuela que realiza el autor bajo la dirección de Alexander Ruiz; y por último, materializa la invitación de un seminario doctoral titulado Pedagogías para América Latina: protagonistas y trayectorias internacionales dado por Agueda Bittencourt, a quien finalmente agradezco por su interés, comentarios y fraternas observaciones.
**Docente Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Grupo de investigación Amautas.

Recibido: 20/06/11, Arbitrado: 20/09/11


Resumen

Este escrito presenta los trazos gruesos de la trayectoria del historiador Fernán González, destacado intelectual del país, cuya vasta producción académica hace ya parte de la historiografía colombiana. Sus vínculos, sus grupos, sus redes de trabajo, las instituciones de las que ha hecho parte y el contexto del país de la segunda mitad del siglo XX acompañan sus búsquedas personales y ayudan a entender su trabajo, su protagonismo y la orientación política que ha impreso en sus obras.

Palabras Clave Redes intelectuales, Fernán González, historiografía colombiana.


Abstract

This paper deals an overview about historian Fernán González, a leading thinker whose big academic production is already a part of the Colombian historiography. It also reveals his ties, groups, networks, institutions and a context of the country during the second half of 20th century, all of them joining his personal searches and helping to understand his work, his leadership and a political guide of his work.

Keywords Intellectual networks, Fernán González, Colombian historiography.


Resumo

Este texto apresenta em linhas gerais a trajetória do historiador Fernán González, destacado intelectual colombiano cuja vasta produção acadêmica já faz parte da historiografia do país. Seus vínculos, seus grupos, suas redes de trabalho, as instituições das quais fez parte e o contexto nacional na segunda metade do século XX acompanham suas buscas pessoais e ajudam a entender seu trabalho, seu protagonismo e a orientação política que imprimiu em suas obras.

Palavras chave Redes intelectuais, Fernán González, historiografia colombiana.


En general, las sociedades son redes de seres humanos, en vez de combinaciones de acciones incorpóreas

(Elias, 1995, p. 106).

Con mucha frecuencia quienes andamos en las preocupaciones propias de la circulación y producción de las ideas, tenemos enormes tentaciones, una consiste en la apropiación descontextualizada de conceptos y reflexiones que tuvieron validez y sentido para iluminar ciertos recortes de la realidad y que usamos para dar cuenta de otras realidades y otros contextos, que probablemente fuerzan la pertinencia y poco dicen del fenómeno estudiado. Valga recordar en este sentido el llamado que hiciera Bourdieu (2002) para estar alerta frente a una nueva vulgata planetaria que popularizó términos como «mundialización», «multiculturalismo», «identidad» o «fragmentación», cuyas definiciones no son solo difusas y vagas, sino que sirven a un imperialismo cultural que usa «una violencia simbólica que se apoya en una relación de comunicación hecha para adornar la sumisión y cuya particularidad consiste en que universaliza particularismos relacionados con una experiencia histórica singular, de modo que son desconocidos en tanto que particularidades, pero reconocidos como universales» (p. 12). Discursos pensados para informar sobre aspectos particulares, por efecto del poder, se trasladan hacia la comprensión de ámbitos más amplios en merma del análisis. Nociones que algún día sirvieron para entender aristas de fenómenos sociales en un momento histórico, con frecuencia se retoman para otros menesteres en detrimento de la comprensión de lo que se pretende estudiar, en función de la manipulación de la realidad y la canalización de las posibilidades de transformación y cambio.

Otra pérdida en este movimiento de circulación y apropiación de ideas consiste en el desconocimiento de las relaciones, motivaciones y vinculaciones de los hombres y mujeres que producen las ideas. En tanto construcción social, la producción del saber se da en personas concretas, que se vinculan a grupos, que padecen influencias, que han sido socializados, que tienen familias, que admiran o denigran a otras personas y que se posicionan ante perspectivas de las cuales se adhieren o se distancian. El contexto histórico explica buena parte del pensamiento y obra de los intelectuales, pues la sociedad y los espacios de interacción otorgan las posibilidades de maniobra e influencia; junto al capital económico y cultural, la presencia de personas, relaciones, redes, textos, instituciones y viajes, entre otros, marcan la diferencia de quienes se destacan.

Tal como lo dijera Estrada (2005), analizando más la lógica del mercado, el estudio del proceso de configuración y constitución de la élite intelectual, al igual que su producción, resulta clave para la comprensión de nuestra historia reciente y sobre todo para nuestro presente. Según el autor, las estructuras de acumulación capitalista y su nueva expresión, el neoliberalismo, han coincidido con la generación de un nuevo sujeto en la producción política: la élite intelectual, especialmente de economistas. Desde la década del 90 han surgido trabajos de la comunidad académica internacional interesados en evidenciar la importancia, el rol y la función de estos grupos en las sociedades contemporáneas, «los enfoques predominantes han sido elaborados con fundamento en la economía, la sociología y la ciencia política; no obstante, también se encuentran algunos de carácter histórico, con las limitaciones propias de quienes en sus análisis se acercan cada vez más al presente» (Estrada, 2005, p. 13).

Por otro lado es importante aclarar que cualquier construcción de conceptos que quieran dar cuenta del mundo, de la sociedad o de un trozo de la realidad es interesada, intencionada; o al decir de Bourdieu (1981), toda teoría es un programa de percepción, ya que son «pocos los casos en que el poder estructurante de las palabras, su capacidad de prescribir bajo apariencia de describir, o de denunciar bajo apariencia de enunciar, sea tan inobjetable» (p. 2). En esta línea, la labor del intelectual se torna clave, pues la representación que construye del mundo contribuye a perpetuar o modificar la realidad social misma, por tanto entre más capital simbólico y político acumulado, entre mayor vinculación con el Estado1, mayor capacidad de incidencia se tiene. El intelectual, él mismo emergiendo gracias a redes, grupos, personas y fuerzas sociales, modifica con su producción «la representación del mundo social y, al mismo tiempo, el mundo social, al menos en la medida en que ella hace posibles prácticas conformes a esta representación transformada» (p. 5). Es, pues, evidente la importancia pedagógica y política de su labor, máxime el intelectual, que se dedica al oficio de historiar el pasado y proponer lecturas analíticas sobre el presente.

Lo que es percibido como importante e interesante es lo que tiene chances de ser reconocido como importante e interesante para otros y, por lo tanto, de hacer aparecer al que lo produce como importante e interesante a los ojos de los otros (Bourdieu, 2000, p. 16).

En el mismo sentido, para Corbalán (2008), la actual era de la información ha posicionado de manera privilegiada el saber de los intelectuales, a la vez que se han transformado sus prácticas, escenarios y lógicas de incidencia. Dichos cambios tienen que ver con el hecho de que la información se ha mercantilizado y el conocimiento se ha precisado en un bien altamente valorado, «del que también forma parte una élite intelectual, que sirve de referente consagratorio de... interpretaciones, estudios y justificaciones». La producción intelectual se ubica entonces como un lugar estratégico, que se relaciona con la reproducción del poder en el contexto de las sociedades contemporáneas, incluso en campos aparentemente distantes de la producción industrial o la tecnología, como lo son las ciencias humanas y sociales.

Hechas las anteriores precisiones, es posible avanzar diciendo que este escrito busca aportar elementos para entender la trayectoria de un destacado intelectual colombiano que ha dado sus aportes en el campo de la historia y de la ciencia política, o como él mismo lo define, que busca hacer preguntas de ciencia política para responder desde la historia. Fernán González, sacerdote jesuita, docente, investigador y escritor, recientemente ingresado al cerrado grupo de 40 notables de la Academia Colombiana de Historia2, ha dedicado su vida intelectual a profundizar en la historia de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y al análisis de la conformación del Estado nacional en relación con el papel que han jugado los partidos políticos y la violencia, especialmente. Sus investigaciones han sido guiadas por «la mirada contrapuesta con que... visiones y... actores de... conflictos interactúan entre sí: cómo se miran los actores unos a otros y cómo responden a esas miradas» (González, 2004, p. 23). Su vasta producción acumulada en decenas de libros y artículos de circulación nacional e internacional, son un referente obligado para los cultivadores de las ciencias sociales en Colombia y para aquellos que quieran ubicar la configuración histórica de la nación colombiana desde una mirada de larga duración.

En este escrito, para la descripción de su trayectoria personal y la de algunas de sus relaciones más relevantes, me he servido fundamentalmente de entrevistas3 y de varios documentos que contextualizan su ser y su quehacer.

Fernán González nació en Tolú, Sucre, en 1939; es uno de los ocho hijos de una familia de clase acomodada y culta en la que la lectura y la reflexión política fueron abundantes. Su madre, maestra de escuela que se formó en la Normal de Cartagena4 y su padre, contador público titulado, autodidacta y prolífico lector, influyeron notablemente para que todos los herederos de la familia González González disfrutaran de estudios superiores en destacadas universidades del país. Aspecto clave en un contexto de precariedad de formación superior en la Colombia de la segunda mitad del siglo XX, ya que, por ejemplo, para 1960 existían 29 instituciones de educación superior y solo estaban 23.000 estudiantes universitarios matriculados5, de un total de 16,8 millones de habitantes.

El hecho de contar con libros de distinta índole como poesía, literatura, historia, política, al lado de discusiones y temas familiares de conversación sobre diversas coyunturas, contribuyeron a forjar un ambiente propicio en casa de los González. En particular, Fernán recuerda con cariño la colección del Tesoro de la juventud6, que constituyó los primeros pasos en su naciente inquietud por la historia. En cuanto a su interés por la política, cuenta que fue clave la orientación liberal de su padre que compaginaba con su filiación religiosa, cosa que supo sobrellevar sin problemas, de allí que su ingreso al sacerdocio hubiese sido visto en su familia con beneplácito.

La lectura del periódico fue diaria en su familia, y acompañó el temprano traslado de vivienda de Barranquilla a Cali. El Tiempo, La Prensa, El País, El Heraldo y la Revista Semana, con la consecuente diversidad de perspectivas políticas que los caracterizaban, son mencionados por González como parte de la iniciación que tuvo en cuanto a la comprensión del país. «Eso me acostumbró a ver varias miradas, en un momento supremamente conflictivo».

Su niñez, en la década de los 40, estuvo marcada por su paso por el colegio de las monjas de La Presentación y luego por el San José de Barranquilla, de los jesuitas, ambas instituciones de élite. Esta década trasciende en la historia por ser un punto álgido de violencia en el país y por la polarización partidista, y pese a que la estadía en la Costa es mencionada como tranquila, Fernán recuerda así el Bogotazo:

Cuando mataron a Gaitán nosotros estábamos en el colegio de La Presentación. En esa época todos íbamos a almorzar a la casa porque no era muy lejos. La gente iba caminando, no había problemas de seguridad en las ciudades. De vuelta al colegio informaron de la muerte de Gaitán y las monjas nos devolvieron para las casas, y estuvimos una semana de vacaciones. Regresamos con mis hermanos a eso de las 2 ó 3 de la tarde, nos encontramos con una vecina, que se extrañó de ver tres muchachitos a esas horas, pensó que nos habíamos "volado" del colegio. Nosotros le dijimos que nos devolvieron porque acababan de matar a Gaitán. Entonces una señora de casa, tranquila, se descompuso completamente y empezó a gritar y a dar alaridos. "Godos hijueputas", empezó a maldecir, y nosotros unos niños de 8, 9 años, quedamos impactados por eso. Fue uno de los momentos en que uno dice: aquí pasó algo. Me acuerdo mucho de todo ese día. Se veían los incendios en el cielo y todo el motín en Barranquilla, que era una ciudad muy gaitanista. Mi papá trabajaba en el centro, le tocó regresar a pie de la oficina, llegó mucho más tarde de lo habitual. Y las noticias de la radio. Ese fue el primer encuentro con el fenómeno de la polarización política violenta. Se tomaron la radio y empezaron a exaltar la revolución y la guerra y la muerte. Fue una cosa terrible.

El 9 de abril de 1948 representa un momento de inflexión en la historia política y socioeconómica del país, no solo porque marca el clímax de la violencia partidista llevando la crueldad a límites insospechados, sino porque es el punto de inicio de nuevas formas de exclusión y violencia, de una acelerada modernización de la nación y de la particular presencia del Estado en el territorio. Sobre este fenómeno, escribió así González (2004b):

En los años 30, el partido liberal emprende reformas sociales, económicas y políticas de tipo modernizante que produjeron un ambiente de polarización que preparó el camino a la Violencia de los años 50. Episodios regionales de violencia entre liberales y conservadores se generalizaron por todo el país con el asesinato, en 1948, del líder liberal Gaitán [...] La reacción popular [...] produjo el contraataque conservador. En respuesta, grupos liberales y comunistas rurales crearon guerrillas de autodefensa campesina a las que los sectores conservadores combatieron con grupos de contraguerrilla y bandas de asesinos. Se estima que hubo aproximadamente 200.000 muertos entre 1946 y 1953 (p. 12).

El traslado de la familia González a Cali representa un encuentro frontal con estos cruentos temas, de los que antes se enteraban únicamente por el periódico o la radio. Ahora el enfrentamiento entre liberales y conservadores, e incluso entre los mismos conservadores, es cotidiano. Se vivió un clima virulento en materia política. En esta ciudad Fernán recuerda las consecuencias de la masacre en la Casa Liberal7, los hechos violentos en Buga y la censura de prensa, que hacía de los rumores y de la comunicación verbal mecanismos expeditos para tergiversar trágicos sucesos.

Su ingreso al colegio Berchmans8 de Cali fue definitivo en su formación personal y en la constitución de relaciones sociales y políticas determinantes en su trayectoria como intelectual. Colegio para clase alta caleña y de orientación claramente confesional y conservadora, es evocado por el historiador por su ambiente de cristiandad hispanizante y de polarización política. Desde aquella época se empezaron a destacar compañeros suyos como Carlos Holguín Sardi9 y otros, que tendrían un alto desempeño en la vida pública del país. Pese a este ambiente cerrado y al clima intelectual que vivió, González considera que supo desarrollar una lectura crítica del contexto que le rodeó. Llama la atención de esta fase de su vida, la distancia que guardó con su formación de corte confesional y el hecho de frecuentar colegios católicos, pese a la supuesta orientación liberal de su padre; este elemento ayuda a comprender que la tradicional lectura que se ha hecho sobre la historia del país en torno a la división liberal-conservadora o liberal-religiosa, esconde unas contradicciones más profundas relacionadas con la etnia, el grupo social o el poder, y que encuentran en las etiquetas ideológicas excusas temporales para resolver otro tipo de conflictos u obtener nuevas posiciones en el campo en disputa.

Según González (2004b), dos fenómenos históricos que se remontan al poblamiento del país desde tiempos coloniales son necesarios para entender el conflicto colombiano: en primer lugar, la colonización campesina de zonas periféricas, producto de la sin salida a la reforma agraria y a la concentración de la propiedad rural, y en segundo lugar, la construcción del Estado con presencia diferenciada en las regiones según tiempo y lugar. Para González, desde principios del siglo XVIII las zonas más aisladas se fueron poblando con grupos marginales que generaron una propia convivencia social libre de la presencia del Estado, y allí donde éste hizo presencia, su control se ejercía a través de élites locales. «La combinación de este poblamiento con esta dependencia de los poderes locales hizo muy conflictivos los procesos de integración de los territorios recién poblados al conjunto de la nación» (p. 11). Las disputas entre liberales y conservadores a lo largo de los siglos XIX y XX, que giraron sobre el alcance de los procesos de modernización económica y social y el papel de la Iglesia Católica, llenaron la agenda de la vida política del país. Para el autor este enfrentamiento servía de canal de expresión de problemas más sociales, como problemas de tierras, pugnas entre regiones, líos de posesiones, conflictos raciales o enfrentamientos entre familias. Tema que no ha sido suficientemente estudiado por la historiografía colombiana, que tiene naturalizada la idea de que el conflicto se redujo al enfrentamiento entre liberales y conservadores, lo que conduce a miradas simplistas e instala en el sentido común una lectura que reduce todo a colores, en desmedro de análisis más finos y detallados, y del ocultamiento de luchas de otro orden, aún vigentes.

Una vez ingresó a la Compañía de Jesús, en el juniorado, que es la etapa de dos o tres años de estudios clásicos, Fernán considera que se profundizó su interés por la historia; en concreto resalta la formación previa a la filosofía que tuvo, sobre estudios de latín, griego e historia. El acercamiento a las obras de Cicerón, Julio César, Demóstenes, Sófocles, Virgilio, Ovidio, Horacio... recordados con gran detalle, en el marco de una rigurosa formación humanista y con una detallada profundización en los contextos históricos y culturales de la época, representó una formación de primer orden. Al decir de Fernán:

Nos enseñaron a exprimir el texto, a sacarle las últimas consecuencias, las últimas alusiones, el sentido literario y el sentido del momento; lo que más nos formó a nosotros fue ir más allá del texto, y buscar el contexto; los estudios clásicos se convirtieron en una escuela de formación histórica.

Marcado por la historia de los clásicos romanos y griegos, afianzó la importancia de la comprensión de los contextos y los trasfondos sociohistóricos para explicar la obra y el pensamiento de los autores. En este sentido, González es así impulsado en sus potencialidades personales al vincularse a una orden religiosa de enorme reconocimiento en el país, no solo por detentar instituciones de formación por las que ha circulado la élite nacional, sino porque varios de sus representantes han Estado permanentemente vinculados a la agenda política desde múltiples lugares.

En medio de esta etapa de su formación sacerdotal, destaca la influencia de Tulio Aristizábal10, quien familiarizó a grupos de estudiantes con el arte moderno y con la vida y obra de muchos artistas -de alguna manera incomprendidos para la época- como Picasso o Dalí, temas éstos que para entonces no dejaban de ser polémicos en un ambiente clerical y conservador. También aquí irrumpía en sus aprendizajes la importancia del contexto histórico para entender el arte y la cultura. Estos estudios, dice González, «nos acostumbraron a leer entre líneas los contextos, a leer lo que está detrás del texto, a espulgar, a tratar de sacar la máxima información de cada texto».

Más adelante, en el proceso de formación en filosofía, recuerda que aprovechó los estudios de los medievales, ya que para le época era un ávido lector de lo que en sus manos cayera sobre historia. Menciona, entre otros, la influencia de Salvador de Madariaga11. Pero será gracias a la experiencia docente en la etapa de magisterio12, al enseñar historia, cuando considera que su carrera como historiador se cualifica mucho más.

Estando en el proceso de formación para jesuita enseña en el colegio San Ignacio de Medellín en 1965-66 y luego en el colegio San Bartolomé de Bogotá en 1967. Estos colegios tienen como alumnos a los hijos de familias de prestigio e incluso a futuros políticos del país. De esta manera, Fernán González junta legitimidad social a su formación intelectual.

En la docencia, la obligación de preparar clases, de organizar lecturas sistemáticas, de profundizar en autores y exponer documentos, le exigen mayor rigor a sus búsquedas y producciones. Utilizó el trabajo de historia de Indalecio Liévano Aguirre13, que para ese tiempo salía en fascículos con la revista Semana (a los que pudo acceder gracias a que su padre los coleccionaba). En él se daba una mirada más social de los conflictos, aunque su reflexión era aún revisionista. Como profesor de historia universal, destaca el aprendizaje que obtuvo de autores que se salían de lo convencional, de manera que sus exposiciones sobre el liberalismo, el protestantismo, la revolución francesa, el mundo moderno, la revolución rusa, trataban de dar un punto de vista distinto al que ofrecía la historia oficial. En este ámbito reconoce también la huella de Henri Pirenne14, cuyos libros traídos por la Librería Buchholz o la Librería Francesa hicieron parte de sus gustos literarios, pero sobre todo es el trabajo de Jaime Jaramillo Uribe15 el que revela como más novedoso y transformador en cuanto al análisis histórico.

En este contexto -década del 60- las búsquedas sociales y alternativas de parte del clero se pueden explicar por la transformación misma que está teniendo la Iglesia, aspecto que también identifica González y al que ha dedicado parte de su obra16.

El Concilio Vaticano II, iniciado en 1962 y finalizado en 1965, constituye una fuerte ruptura frente a la mentalidad antimodernizante que caracterizó durante siglos a la Iglesia Católica. Un cambio frente a una época en que estaban en boga las pastorales antiliberales y antimodernas, con curas y obispos que negaban la absolución a quienes se atrevían a confesarse comunistas o liberales17. Gozo y esperanza, Gaudium et spes, fueron documentos conciliares que dinamizaron no solo los estudios y la comprensión del mundo, sino la vida misma de muchas comunidades religiosas a lo largo y ancho de América Latina en una aceptación de la historia, de la sociedad moderna y en un compromiso profundo por la transformación de la sociedad al lado de los sectores marginados18. Por supuesto, en esta misma línea sobresale la importancia de la Conferencia Episcopal de Medellín, en 1968, que radicalizó en las dos vertientes las expresiones del clero latinoamericano, dando más argumentos y opciones a los religiosos comprometidos, pero a su vez profundizando las diferencias con el episcopado, pues «los obispos colombianos se opusieron al documento básico de trabajo quejándose de que tanto los problemas en discusión como su orientación habían sido impuestos por los episcopados y expertos del Cono sur, por lo que no representaban la realidad colombiana» (González, 2005, p. 19).

Para los jesuitas se destaca el aporte de Carlos Bravo19 sobre una comprensión histórica de la Biblia, que familiarizó a distintos grupos con las tendencias hermenéuticas y con el análisis histórico de hechos bíblicos. Además se da una familiarización con el pensamiento de Karl Rahner20, gran inspirador del Concilio.

Junto a este cambio, fruto de una alianza progresista internacional y visto como espíritu renovador, es importante destacar todo un movimiento mundial y latinoamericano por leer de una manera distinta la sociedad. Después de la segunda guerra mundial empezaron a circular nuevas corrientes en las ciencias sociales a partir de varios factores: el impulso que el Estado da al estudio de la sociedad como manera de reestructurar el mercado y la productividad en el contexto de la reorganización económica internacional; la producción y circulación de ideas que los entes multilaterales incentivan en el marco de la creación del discurso del «desarrollo» para el tercer mundo; el auge y la ampliación que toma la educación superior y el análisis de los problemas sociales de muchos de sus académicos, fruto de la especialización de las disciplinas sociales; por otro lado, se da también una renovación del pensamiento alternativo en cuanto a la teoría de la dependencia, la crítica al desarrollismo, el impulso del pensamiento latinoamericano y la adaptación, en unos casos creativa y en otros no tanto, del marxismo y de la escuela de Frankfurt. Los trabajos y los nombres de latinoamericanos como Oswaldo Sunkel, Ruy Mario Marini, Vania Bambirra, Fernando Cardoso, Enzo Faletto, Hélio Jaguaribe, Aníbal Quijano, André Gunder Frank, Hinkelamert, Freire, Fals Borda, son representativos de estas nuevas búsquedas.

El primer trabajo de González como estudiante data de estos años -1970-: una lectura de la revolución liberal de 1848, época del primer intento de secularización del país; en su escrito profundizó en las relaciones entre Iglesia y Estado, una aproximación a sus conflictos, que fue publicado en la revista de la facultad de teología de la Universidad Javeriana, la cual habitualmente solo presentaba trabajos de profesores. Al terminar teología, se da un encuentro con todo el pensamiento pedagógico-liberador de Paulo Freire y con los inicios de la Anuc21.

En su trayectoria personal, uno de los momentos más cruciales es su graduación, de la Universidad Javeriana, lugar en el que previamente organiza con otros estudiantes el Movimiento Cataluña22, conformado por estudiantes de sociología, antropología, trabajo social y que en su momento fue contestatario por sus exigencias a la universidad. González cuenta que dentro de sus temas de estudio se encontraban Paulo Freire, la revolución estudiantil de Córdoba, Marcuse, etc. Fruto de esta dinámica y del movimiento estudiantil en otras universidades, se organiza el primer paro estudiantil en la tradicional universidad de los jesuitas, la Javeriana, que hace que las directivas cierren algunas carreras de ciencias sociales y se reformen otras. El ambiente conservador del claustro hace que las opciones de formación posgradual tengan que buscarse en otros centros educativos.

Cuando salimos ya ordenados a trabajar, el único sitio posible era el Cinep23, porque la Javeriana cerraba sus puertas a las ciencias sociales, sacó mucha gente, y aunque no cerró completamente la facultad, no recibió más estudiantes, sino que dejó que fueran terminando.

Dice González que gracias a esta coyuntura,

vinimos a parar al Cias, que en ese momento tenía un instituto de formación en ciencias sociales para el clero, pero que empezaba a tener problemas con los obispos. Ya había muerto Camilo Torres, se oía mucho todo lo que fue el grupo Golconda24 y todo ese tipo de grupos y había mucha inquietud dentro del clero en esos momentos. El Episcopado empezó a marcar distancia frente al Cias y el Ides25. El Cias era una fundación que tenía mucho paralelo en América Latina, donde se habían creado diferentes centros sociales para apoyar el trabajo comunitario de los jesuitas de ese entonces. Se empezó a marcar la distancia entre jesuitas y obispos.

Varios sacerdotes jesuitas26 se empezaron a caracterizar por una orientación social y transformadora en su trabajo que les empezó a acarrear problemas con el episcopado colombiano, que propugnaba por dinámicas más asistenciales y paternalistas. En este ambiente, con el ánimo de dotar al Instituto de un enfoque más científico, González empieza a estudiar la maestría en ciencia política en la única universidad que para el momento la ofrecía: Los Andes27. En este tiempo recuerda las lecturas de la escuela de Frankfurt, de Levi-Strauss y de algunos historiadores; en particular destaca la marca que le dejó el coordinador de la maestría, Francisco Leal Buitrago28, profesor sumamente organizado y estructurado que lo introduce en el tema del clientelismo en Colombia. Valora que la metodología de seminario con semanas de clases intensivas, alternadas con trabajo personal y lectura, acompañadas de discusión y elaboración de textos, contribuyó enormemente a su estructuración intelectual durante la maestría.

Al tiempo, González se vincula a un grupo de investigación en el Cinep, dirigido por el antropólogo Néstor Miranda Ontaneda, que se interesaba por el tema del clientelismo y se constituyó en un espacio de formación intenso y productivo. De éste hacían parte destacados profesionales como Alejandro Reyes, Eloísa Vasco y Jorge Valenzuela quienes investigaron el tema en las regiones. De la articulación de los estudios de maestría y de su trabajo en el Cinep, sale una publicación sobre el problema del clientelismo en Enfoques Colombianos, revista del partido liberal dirigida por Mario Alvear.

González se considera nutrido por la corriente de la nueva historia, aunque considera que ha bebido de otras fuentes. Sintió el aporte de historiadores de los Annales como Braudel, Bloch y Febvre, sobre todo en la historia social y política, además considera que tuvo impacto de la producción del historiador Frank Safford29 sobre aspectos sociales, políticos y económicos de los partidos políticos. Habla de la repercusión de la historiografía anglosajona y de la tradición alemana y francesa. Dice: «nosotros éramos un híbrido que trataba de recuperar la historia política del país, tomando en cuenta los avances de la historia social y económica, y tomando en cuenta la cuestión cultural, y teniendo muy en cuenta las diferencias regionales». Destaca, para la época, los trabajos de Virginia Gutiérrez de Pineda30 sobre la historia de la familia mestiza, indígena, española, que liga a las diferencias regionales. Eso fue dando pistas para estudios históricos desde el centro y desde la región, desde el centro y desde la periferia.

Con su carrera ya consolidada, Fernán González inicia un doctorado en la Universidad de Berkeley, en California, ya que anteriores investigadores del Cinep habían estado allí y porque desea seguirle la pista al historiador argentino Tulio Halperín Donghi31. La historia comparada, la influencia de las reformas borbónicas en México, Perú y Argentina, la revolución de los Comuneros en Colombia, junto al trabajo sobre historia del Brasil y la formación del Estado en Francia, Inglaterra y España, le fueron familiarizando con una mirada social en la formación del Estado, que luego trasladará a sus estudios sobre Colombia. Gracias a sus profesores entendió la historia comparada que, en sus palabras, le permitió salir del encerramiento académico y comparar, por ejemplo, el sistema caudillista que se dio en Argentina y México, con su frustración en Colombia. Al retornar al país, se encuentra con la invitación de Marcos Palacios para hacer una introducción a un libro escrito sobre Iglesia y Estado. Eso y algunas conferencias le hacen volver sobre el tema de Iglesia. Este período coincide con una política Estadounidense de apertura universitaria, cuyo fin es formar cuadros políticos en América Latina, lo que produce una intensificación de cambios simbólicos, un interés por los temas tercermundistas en el ámbito académico y, por supuesto, una fuerte circulación de intelectuales del sur hacia el norte del continente.

También rescata el conocimiento fragmentado que en su momento obtuvo de los trabajos de Malcolm Deas32 y Safford, que abrieron caminos para investigaciones que quisieron superar la lectura esquemática y maniquea con que se abordan los temas del caciquismo y de las primeras adscripciones en la época republicana.

Respecto a la pregunta por la compaginación de su ser cristiano y su trabajo profesional como historiador y como hombre político, González considera que su obra es un aporte a la renovación de la Iglesia, en concreto porque trabaja en ámbitos no confesionales como los universitarios, en los que enseña y en los que se considera libre para acercarse a la gente.

Sobre la manera como quiere ser recodado a partir de su producción intelectual, finaliza diciendo:

Por ayudar a mostrar que la Iglesia es algo distinto, que es heterogénea, que no es un cuerpo monolítico, que tiene momentos y que es distinta internamente; que responde al momento histórico cada vez. Una lectura menos apologética y menos estigmatizada. Un acercamiento mucho más sereno a temas muy conflictivos, porque yo traté de demostrar los malentendidos fundamentales que hay en las peleas, cómo ve el liberalismo a la Iglesia y cómo ve la Iglesia al liberalismo es el punto de partida, cuál es el malentendido fundamental que hay en esas peleas; demostrar que hay un trasfondo histórico detrás de esas cosas. Ese fue uno de los temas en materia de Iglesia, demostrar que la Iglesia es heterogénea, compleja, y que sus pugnas frente al mundo moderno y frente al liberalismo no tienen mucho que ver con el dogma sino con la manera como la Iglesia se encarnó en una sociedad determinada históricamente, ese es un punto fundamental.

Otro de los puntos fundamentales es el descubrimiento, sobre todo en la violencia, de la geografía. Que hay una dimensión espacial de los procesos históricos, como en la guerra civil, en la violencia, en el desarrollo político, el desarrollo económico del país tiene mucho que ver con la dimensión geográfica. La violencia, por ejemplo, nunca cubrió geográficamente a todo el país, la violencia es altamente diferenciada, según las condiciones geográficas, según las condiciones culturales, económicas e históricas de cada región. Para entender la historia política colombiana hay que mirar el país desde una lectura tripolar: nación, región, localidad, a veces subregión y a veces sublocalidad. La historia no se puede ver desde el centro ni desde la periferia, sino combinando las dos cosas, y eso tiene mucho que ver con la geografía, sabiendo que la violencia tiene mucho que ver con el poblamiento del territorio, con la manera como se organizó la nación, y por eso nosotros llegamos a la concepción de que la presencia del Estado, la presencia de la violencia, es altamente diferenciada según esa condición de presencia del Estado.

El tono de Fernán al hablar es tranquilo, pausado, casi desganado. Su historia personal inevitablemente se confunde con la historia del país; sus anécdotas y su trayectoria personal se funden en acontecimientos mayores y en fechas trascendentales para el país. Los incontables nombres que evoca se solapan en colegas, maestros y discípulos de renombre nacional. Las redes de las que ha hecho parte, que lo hicieron como político y como académico, son inocultables.

Los títulos de las obras que recorren su producción, propias y acompañadas, parecen los capítulos de la historia de un país que aún no se entiende. Sus textos son rigurosos, densos, cargados de citas y referencias bibliográficas. Su análisis complejo de la historia del país no alcanza a discriminar las distintas tendencias de su comunidad o de su grupo de referencia, quizá por falta de tiempo o fruto de su formación, pues siempre esquiva el «yo» en un reiterado «nosotros» tras el que permanentemente habla y escribe. Su esfuerzo por dibujar un país de varios colores expresa una generación de estudiosos que hurgan con rigor en el pasado elementos para comprender el país más allá de lecturas oficiales o unívocas, y tender, no siempre con éxito, puentes analíticos con el presente. González confirma, al decir de Elías (1995), que las sociedades son redes de seres humanos, de manera que los hilos, los nudos y la textura, es decir, los grupos, los contactos, los vínculos y los respaldos hablan tanto de un sujeto que resalta como de una sociedad que solo le permite a algunos tales emergencias.


Pie de página

1Respecto a la capacidad de imponer realidades desde el Estado por medio del discurso dice Bourdieu (1993) que «la doxa es un punto de vista particular, el punto de vista de los dominantes, que se presenta y se impone como punto de vista universal; el punto de vista de los que dominan dominando al Estado y que han constituido su punto de vista como punto de vista universal al hacer al Estado» (p. 11).
2Fundada en 1902, la Academia está conformada por 40 académicos de número, casi 40 académicos correspondientes y 3 académicos honorarios. Según Melo (1999) durante la primera mitad del siglo XX la producción histórica en el país estuvo dominada por esta vertiente con un trabajo centrado en la historia militar y política, con énfasis en el período del descubrimiento, conquista e independencia, dominado por una concepción moralista, educación cívica de la historia y de biografías con rasgos heroicos y ejemplares; se han desencadenado polémicas con representantes de otras tendencias a lo largo del siglo, fundamentalmente por la orientación de las investigaciones y por su uso escolar.
3Realizadas el 3 y el 22 de noviembre de 2010 respectivamente
4Llamada originalmente Escuela Normal Nacional de Institutoras de Cartagena, fundada en 1878, hizo parte del movimiento de finales del siglo XIX de los gobiernos radicales del entonces Estados Unidos de Colombia por impulsar la educación de la mujer. Al finalizar la década del 70 ya funcionaban más de diez escuelas normales femeninas en el país (Báez, 2002).
5Estadísticas de la educación superior, 2002, del Icfes. Fuente: http://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-85665_archivo_pdf1.pdf. Consultado 29-12-10.
6También llamada Enciclopedia de conocimientos, es una colección de 20 tomos de la versión hispanoamericana de la enciclopedia infantil inglesa The children' encyclopaedia, del inglés Arthur Mee (1875-1943), cuya primera edición apareció en 1915. Adaptada a un nuevo contexto, la versión en castellano estuvo dirigida por el argentino Estanislao Zeballos, así que «se actualizó, añadiendo los más recientes acontecimientos y descubrimientos [y] se orientó indiscutiblemente a los países latinoamericanos, lo cual implicó la incorporación de nuevos capítulos dedicados a su realidad» (Riesco, 2008, p.p. 207-208).
7El 22 de octubre de 1949 la policía conservadora asesinó 26 liberales e hirió a otros 50 que se encontraban refugiados en la Casa Liberal en el centro de la ciudad.
8Colegio jesuita fundado en 1933.
9Destacado abogado y político conservador de Cali que ha hecho carrera por varias décadas como concejal, alcalde, representante a la Cámara, senador, gobernador y ministro de varios gobiernos.
10También jesuita y profesor de historia del arte. Estudió en Bélgica, en la facultad de Nòtre Dame de la Paix en Namur. Profesor de la Universidad Javeriana y de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
11Novelista e historiador español nacido en 1886, escribió sobre la historia de su país y de América. Publicó una biografía desmitificadora sobre Bolívar en 1951.
12Después del noviciado, una vez emitidos los votos de pobreza, castidad y obediencia, el jesuita prosigue su formación (juniorado, filosofía, magisterio, teología y tercera probación) hasta la profesión o últimos votos. Fuente: http://www.jesuitasdeloyola.org/ser-jesuita/formaciondeljesuita.html (07-XI-10).
13Nacido en 1917, de profesión abogado de la Universidad Javeriana, ofició como historiador y político colombiano, miembro de la Academia Colombiana de Historia y reconocido investigador de la vida de grandes personajes y de la historia de los siglos XVIII y XIX.
14Historiador belga nacido en 1862, que profundizó en estudios sobre la edad media y principios del siglo XX, con tesis que defendían el inicio de la Edad medio no en el s. III, sino en el VI, y el papel de la religión en procesos nacionalistas.
15Nació en 1917. Licenciado de la Escuela Normal Superior de Bogotá, graduado en sociología e historia de la Universidad de La Sorbona de París y fundador del departamento de historia de la Universidad Nacional; es la figura más destacada de la corriente de la «Nueva historia» en Colombia. Trajo al país la influencia de la Escuela de los Annales al introducir una perspectiva sociocultural en los análisis del pasado colombiano.
16Según María Teresa Cifuentes (2008) el «catolicismo social» irrumpe en el mundo con el auge de la industrialización en Europa en la segunda mitad del siglo XIX, en la que la agudización de la pobreza y sobre todo la aparición de movimientos marxistas que captan la atención de los obreros, suscita una respuesta por parte de la iglesia. «Documentos pontificios como la Quantra Cura, el Syllabus (1864, de Pío IX) y la encíclica Rerum Novarum (1891, de León XIII) condensan la orientación que debía informar la acción de la Iglesia-universidad frente a los proyectos impulsados por los liberales y los socialistas» (p. 34). Sectores de la aristocracia terrateniente atienden este llamado; entre 1860 y 1890 se desarrolla la idea de la Acción Social Católica, siempre bajo la tutela del clero, que promueve la vida de los laicos hacia lo social. En este ambiente se impulsaron círculos obreros, patronatos, ligas y sociedades de ayuda. En Colombia, en 1908, el Episcopado implanta la Acción Social Católica con la intención de promover la beneficencia y contrarrestar la influencia socialista en el movimiento obrero. En este marco, el jesuita español José María Campoamor organiza los Círculos Obreros, un barrio para obreros, casas para huérfanos y la Caja Social de Ahorros. Por otro lado se impulsan sedes de la Juventud Obrero Cristiana, la Juventud Universitaria Católica y el corporativismo, este ultimo también jalonado por jesuitas.
17González recuerda a monseñor Miguel Ángel Builes, célebre por sus homilías y escritos. El clero, la moda femenina, el comunismo, la educación laica, la coeducación y el gobierno liberal fueron, entre otros, blanco de ataques del obispo; además fundó cuatro comunidades religiosas en el país.
18En algunos textos González explica la polarización del clero en el país con figuras emblemáticas como Camilo Torres, Domingo Laín o Manuel Pérez frente a un episcopado que mantenía posiciones más bien conservadoras, jerárquicas y reticentes frente a lo social, al compromiso laical y a la transformación sociopolítica. «Un contexto de incomprensiones mutuas y de diferente apreciación del país» (González, 2005, p.p. 22-23)
19Sacerdote mejicano, doctor en teología y destacado representante de la corriente eclesial denominada Teología de la liberación
20Jesuita alemán nacido en 1904, designado como teólogo consultor del Concilio Vaticano II y miembro de la Comisión Teológica Internacional.
21Asociación Nacional de Usuarios Campesinos. Organización campesina fundada en 1967 por iniciativa del gobierno liberal de Carlos Lleras Restrepo para hacerle frente a sectores terratenientes y conservadores que disponían de fuertes organizaciones gremiales y grupos de presión política que bloqueaban la realización de la reforma agraria.
22En sintonía con un fuerte movimiento estudiantil en el país y jalonado por estudiantes de sociología de la Universidad Javeriana que se reunían en una casona de ese nombre, demandaban de la directivas mayor compromiso con la realidad social del país. El Movimiento Cataluña organiza un paro estudiantil realizado con el respaldo de algunos profesores y como respuesta las directivas de la Universidad cierran las carreras de sociología y trabajo social en 1971.
23Fundado en 1972, primero como Centro de Investigación y Acción Social -Cias- y luego como Centro de Investigación y Educación Popular -Cinep-. Cabe destacar el más reciente liderazgo de este Centro en el conflictivo Magdalena Medio colombiano, con la conformación del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio -PdpMm-, iniciado en 1995 pero que materializa una vieja presencia de los jesuitas en la zona y que ha logrado concertar esfuerzos y recursos de ONG, empresas privadas, el Estado, sindicatos, la Iglesia católica, agencias multilaterales y fondos de países desarrollados. Según Salej (2009) esta iniciativa representa el tercer momento de la presencia jesuita en el mundo político, «en el primero imperó una visión antimoderna y anticomunista, propia de la acción católica preconciliar. En el segundo primó la visión del catolicismo de la liberación que hacía compatible la fe católica con la acción política de los sectores populares. En el tercero... se impuso una visión más pragmática y reformista, impulsada por un liderazgo carismático y por una acción oblativa en favor del desarrollo regional» (p. 764)
24Grupo de sacerdotes y religiosos influenciados por el ejemplo de Camilo Torres, que impulsaron la reflexión y la práctica social comprometida con la realidad del país.
25Instituto de Doctrina y Estudios Sociales, creado en 1968 por la Conferencia Episcopal Colombiana y cuya dirección fue confiada hasta 1971 al Cias de los jesuitas, año en el cual vuelve al Secretariado Nacional de Pastoral Social del episcopado.
26Fernán González menciona dentro del grupo a Guillermo Hoyos, Carlos Vasco, Luis Alberto Restrepo, Carlos Bernal, Oscar Jaramillo, Alejandro Angulo, Jorge Julio Mejía, Francisco de Roux, Bernardo Botero.
27Fundada en 1948 por Mario Laserna Pinzón y Alberto Lleras Camargo, nace con la idea de formar a la élite académica y técnica del país.
28Sociólogo de la Universidad Nacional y doctor de la Universidad de Wisconsin, docente de la Universidad Nacional y de Los Andes; ha desarrollado una extensa obra sobre sociología política en el país.
29Profesor de historia de América Latina en la Universidad de Northwestern, con Ph.D en la Universidad de Colombia y el B. A. de la Universidad de Hardvard. Autor de varios libros sobre Colombia.
30Antropóloga pionera en las investigaciones sobre las comunidades indígenas, sobre la familia y la cultura en Colombia.
31Profesor de las Universidades de Berkeley y de San Andrés.
32Historiador británico con nacionalidad colombiana, experto en historia y política colombiana y de Latinoamérica. Miembro de la Academia Colombiana de Historia.


Referencias

Báez, M. (2002). El surgimiento de las escuelas normales femeninas en Colombia. Revista Historia de la Educación Latinoamericana No. 4, p.p. 157-180. Tunja: Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

Bourdieu, P. (1981). Describir y prescribir. Notas sobre las condiciones de posibilidad y los límites de la eficacia política. Actes de la Recherche en Sciences Sociales No. 38, mayo, p.p. 69-73.

_________ (1993). Génesis y estructura del campo burocrático. Actes de la Recherche en Sciencies Sociales No. 96-97, marzo, p.p. 49-62.

_________ (2000). Los usos sociales de la ciencia. Buenos Aires: Nueva Visión.

_________ (2002). La nueva vulgata planetaria. Revista Colombiana de Educación No. 42, p.p. 11-17. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional.

Cifuentes, M. T. (2008). Una mirada a la institución católica y su incidencia en la sociedad colombiana durante el siglo XX. Bogotá: Espacio crítico.

Corbalán, A. (2008). Prólogo. En: Herrera, M. y Bittencourt, A. (Comps.). Política, intelectuales y espacio público en las sociedades contemporáneas. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.

Elías, N. (1998). Los procesos de formación del Estado y de construcción de la nación. Revista Historia y Sociedad No. 5, p.p. 101-117. Medellín: Universidad Nacional.

Estrada, J. (Ed.). (2005). Intelectuales, tecnócratas y reformas neoliberales en América Latina. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

González, F. (1997). La formación de investigadores en la acción investigativa: la experiencia del Cinep (1972-1997). Revista Nómadas No. 7, octubre, p.p. 97-111. Bogotá: Universidad Central.

_________ (2004). Aportes al diálogo entre historia y ciencia política. Una contribución desde la experiencia investigativa en el Cinep. Revista Historia Crítica No. 27, p.p. 23-38. Bogotá: Universidad de Los Andes.

_________ (2004b). Conflicto violento en Colombia: una perspectiva de largo plazo. Revista Controversia No. 182, agosto, p.p. 10-17. Bogotá: Cinep.

_________ (2005). Iglesia católica y conflicto en Colombia: de la lucha contra la modernidad a los diálogos de paz. Revista Controversia No. 184, junio, p.p. 9-46. Bogotá: Cinep.

Herrera, M. y Bittencourt, A. (Comps.). (2008). Política, intelectuales y espacio público en las sociedades contemporáneas. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.

Melo, J. (1999). Medio siglo de historia colombiana: notas para un relato inicial. Revista de Estudios Sociales No. 4, agosto, p.p. 9-22. Bogotá: Universidad de Los Andes.

Riesco, L. (2002). El maravilloso mundo de El Tesoro de la Juventud: apuntes históricos de una enciclopedia para niños. Revista Universum No. 23, p.p. 198-225. Talca: Universidad de Talca.

Salej, S. (2009). La ética jesuítica y el espíritu del desarrollo. Revista Mexicana de Sociología No. 71, octubre-diciembre, p.p. 737-768. México: Universidad Nacional Autónoma de México.