La escuela va a la casa; la escuela vuelve a la escuela

2022-09-19

Practicas escolares y apuestas pedagógicas durante y después de la pandemia.

 

Con el Decreto 457 promulgado el 22 de marzo de 2020 por el Gobierno Nacional, se oficializaba en Colombia el primer periodo de aislamiento preventivo obligatorio, en línea con lo que 11 días antes Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud, habría declarado como pandemia mundial. Todas las personas del país entrarían en confinamiento desde el martes 24 de marzo a las 11:59 p.m. hasta el 12 de abril a la media noche. Este periodo, como ahora sabemos, fue postergado en lo que parecía en ese momento algo cuestión de días. Los días se tornaron en semanas, luego meses y en algunos casos el retorno a esa tan anhelada y temida presencialidad, con sus poliformes y complicadas alternancias y excepcionalidades, duró más de un año, casi dos, convirtiendo la escuela en un lugar deshabitado que mudó a un espacio inasible no solo por lo virtual, también por los retos, las demandas, los quiebres, las conectividades, así como las muchas  posibilidades y nuevos movimientos que emergieron con esa modalidad, que al igual que el virus, resultaba  etérea pero real. 

¿Educación virtualizada?, ¿Educación mediada por la tecnología? ¿Educación con asistencia de medios tecnológicos? ¿Educación a distancia o remota? ¿Encuentros sincrónicos y asincrónicos?

Las definiciones estuvieron a la orden del día: tan diversas como aquellas situaciones que pretendían concretarlas. En cuestión de días profesores, estudiantes, directivos, padres y madres de familia, desplegaron complejas e improvisadas estrategias para poder adaptarse al aislamiento preventivo. Los espacios se trastocaron, se superpusieron: el hogar se volvió empresa, también escuela, centro de cuidado y entretenimiento. Los padres y madres trataban de acompañar a sus hijos en el proceso académico, mientras suplían como podían las demandas de sus trabajos (o renunciaban a estos para dedicarse al cuidado de los hijos) así como esa acumulación eterna de los oficios propios del hogar. Los profesores (también muchos de ellos madres o padres) unos más dúctiles que otros en el uso de las TIC,  acompañaban, guiaban, orientaban, evaluaban y adaptaban como podían sus contenidos curriculares en un país dónde según el DANE en el 2020 apenas el 56,6% de la población tenía acceso a internet. Esto sin mencionar la calidad y la velocidad de conexión que en muchas regiones es precaria, casi una anécdota. Hoy en día la conectividad llega apenas al 60%.

Las sesiones de clase en las diversas plataformas, se tornaron áridos territorios donde la caricia de la presencia, el gesto, la mirada, se transformó en un espacio de hiperconectividad plagado de siluetas sin rostro, silencios profundos donde todos aparecían en línea, pero las palabras y comentarios fragmentados apenas le hacían eco a la soledad. La habituación llegó, y en medio de un estallido social sin precedentes, se construyeron y emergieron diálogos, propuestas y apuestas que suplieron la demanda y trajeron consecuencias que hasta ahora estamos vislumbrando.

La pandemia y el aislamiento en muchos escenarios terminaron por agudizar los problemas y vacíos que la escuela y la educación llevan arrastrando por décadas:  la desigualdad, la infraestructura, el numero de docentes: su formación y capacitación; la conectividad, la corrupción, la calidad y cobertura en la ruralidad (las otras Colombia), así como la nutrición, la salud física y mental de todos los actores.

Desde el 2021, con mayor o menor constancia, se comenzó a habitar nuevamente el espacio que denominamos escuela. En medio de las necesarias en algunos casos o innecesarias y odiosas en otros, medidas de bioseguridad, hasta las reuniones y posibilidades pedagógicas surgidas durante los sucesivos confinamientos, la escuela como proceso y fenómeno vuelve a tratarse de adaptar a esas dinámicas de la presencialidad, sabiendo que unas cosas resisten a volver a ser como antes y otras, serán exactamente como antes del 22 de marzo de 2020.

¿Aprendimos algo de esta nueva forma de hacer escuela; hemos implementado algo de lo aprendido en este momento donde la escuela vuelve progresivamente a la escuela?

En este número de Nodos y Nudos se invita maestros, maestras e investigadores tanto de Colombia como de otros países a presentar experiencias que permitan leer las diferencias entre las prácticas pedagógicas y los modos de hacer escuela durante la presencialidad, en contraste con lo ocurrido durante el confinamiento, así como las lecciones que nos deja la experiencia y si ha enriquecido (o no) el retorno a la escuela.

Abierta hasta el 30 de noviembre de 2022.

 

Oskar Gutiérrez Garay