El trabajo infantil en América Latina

María Cristina Salazar
En América Latina y el Caribe, a partir de la ratificación de la Convención de la ONU de 1989, ocurre una saludable proliferación de estudios sobre el trabajo infantil y juvenil, y comienza a surgir una conciencia pública mayor sobre los efectos —a veces perversos— del ingreso prematuro de millones de niños y niñas en el mercado laboral y, en particular, de su participación en trabajos dañinos o peligrosos que afectan su desarrollo, salud y escolaridad.1 Tanto los gobiernos como la sociedad civil han comenzado a responder a este problema, mediante la elaboración de nuevas políticas y programas sociales, inspirados muchos de ellos en el espíritu del artículo 32 de dicha Convención.